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| Por
los
Viejos Tiempos (Auld Lang Syne) Robert Burns |
A mí mismo Giacomo Leopardi |
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Auld
Lang
Syne
es sin duda la canción del bardo escocés más
conocido en el mundo anglosajón; escrito en el dialecto de
la alta Escocia, sus versos son celebrados y compartidos cada fin de
año durante la noche de San Silvestre . Evitó la
traducción literal y recurro a expresiones familiares, lo cual,
creo, nos acerca más al espíritu íntimo del poema.
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¿Debemos olvidar una vieja amistad Para nunca revivirla en el recuerdo ¿Debemos olvidar una vieja amistad Y los viejos tiempos? Por los viejos tiempos, amada mía Por los viejos tiempos Tomémonos una copa más de gentileza Por los viejos tiempos Sé que comprarás otra bebida Y sabes que yo compraré la mía Beberemos una copa más de gentileza Por los viejos tiempos Por los viejos tiempos, amada mía Por los viejos tiempos Tomémonos una copa más de gentileza Por los viejos tiempos Ambos hemos salvado las colinas Y arrancado hermosas margaritas; Pero hemos errado tanto a pie cansado Desde los viejos tiempos Por los viejos tiempos, amada mía Por los viejos tiempos Tomémonos una copa más de gentileza Por los viejos tiempos Hemos vadeado la corriente Desde el amanecer hasta la tarde; Aunque un mar entre los dos haya bramado Desde los viejos tiempos Por los viejos tiempos, amada mía Por los viejos tiempos Tomémonos una copa más de gentileza Por los viejos tiempos Toma mi mano, amigo mío Y ofréceme la tuya, es nochebuena Y bien dispuestos juntos brindaremos Por los viejos tiempos Por los viejos tiempos, amada mía Por los viejos tiempos Tomémonos una copa más de gentileza Por los viejos tiempos |
Su destino en el cual ninguna muere, preservan Al implacable, temeroso y antiguo Hijo de la creación: el aliento de la inquietud. El oscila como fuego en el corazón de la tierra Que como almendro maduro se fermenta, Estremece a las viejas ciudades, desmorona Las Montañas y se ciñe a los robles, a las rocas. Y los ejercitos claman, como un mar que ebulle Como dioses del mar que predominan y persisten Aveces superiores al aliento que prepara los conflictos Sangre feroz aveces disuelta en campos de matanzas Y cada deseo y cada esfuerzo de hombre Fustiga a otro, allí, en el inmenso Wahlstatt Desde las aguas azules del Rin al Tiber, La irresistible, dilatada batalla Nos induce con una urbanidad feroz Al destino irrevocable que audaz juega con todo lo mortal en éste, nuestro tiempo Y de nuevo titilan por ti los frutos dorados Como estrellas que vibran en las noches frías De los bosques de Pomerania, en Italia |
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Kubla Khan
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Animula Vagula BlandulaAdriano |
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En el prefacio a Kubla Khan, escrito en 1816, Samuel Taylor Coleridge confiesa haber protagonizado imágenes correspondientes a entre doscientos y trescientos versos, de los cuales, al despertar, apenas rememoraría los cincuenta y cuatro que la posteridad preserva. Este poema apareció publicado bajo el auspicio de Lord Byron, quien a su vez habría de instigar las pesadilla a partir de la cual Mary Shelley concebiría Frankenstein. |
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| En Xanadú construyó Kubla Kan Un majestuoso alcázar de placer En el cual Alf, el río sacrosanto, Cruzaba a lo largo de cavernas Inconmensurables para el hombre Hasta confluir en un mar de tinieblas Trescientas hectáreas de terreno fértil Circundadas por torres y murallas De jardines refulgentes, de arroyos sinuosos Y árboles floridos que exudaban mirra Bosque tan anciano como las montañas Bordeando manchas de verde asoleado Mas ¡Oh! Aquel abismo tan romántico Que cortaba la colina al cobijo de los cedros Era un lugar salvaje, tan santo y encantado Como nunca lo fue la luna menguante Al hechizo de la mujer que gime por su súcubo Y desde aquel abismo, agitándose en tumultos incesantes Como si la tierra respirase en rápidos y gruesos estertores Una fuente vigorosa eructó por un instante Entre cuya rauda ebullición intermitente Brotaron fragmentos colosales, como granizo O como trigo que el trillador desgrana Y entre esas rocas danzantes ahora y para siempre Emergió por un instante el río sacrosanto Cubriendo cinco millas en compases laberínticos A través de bosques y de valles, hasta alcanzar Las cavernas inconmensurables para el hombre Y hundirse con tumulto en un océano sin vida Y en aquel tumulto Kubla discernió en la lejanía Voces ancestrales que profetizaban guerra La sombra del alcázar de placer Flotó en medio de las olas; En donde se oyó la medida mezclada Desde la fuente y las cuevas. Fue un milagro de rara inventiva, Un alcázar de placer asoleado con cuevas de hielo Una damisela y su arpa En una visión yo vi Era una doncella de Abisinia Que al tañido de sus cuerdas Celebraba el Monte Ábora ¡Si pudiera revivir en mí Su sinfonía y su canción Un placer tan profundo me poseería. Que en una música elevada y prolongada Construiría aquel alcázar en el aire! ¡Aquella catedral asoleada! ¡Aquellas cavernas de hielo! Y quienes me escuchasen las verían allí Y todos gritarían: ¡Cuidado! ¡Cuidado! ¡Sus ojos relampagueantes, su cabello flotante! Ondea un círculo alrededor de él tres veces Y cierra tus ojos con temor sagrado Pues él se ha alimentado de ambrosía Amamantándose en la leche del edén |
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