|
|
Los
Lagartos
Sátira
o comedia absurda |
Personajes
Autor
Joe Hurtado, presidente de
Mondongo
Emos Hurtado, juez, hijo del
anterior
Carifea, vendedora de
empanadas
Alipio, su esposo, escriba
Fétida, lagarto
Pombo y Platillo, lagarto
López, lagarto
Filibustero, lagarto
Pétula Antena, reina de
belleza
A Mí Amad, periodista
Amado Alegría, matarife,
también artista
Telas Picas
Camarógrafo
Mendiga
Coro de Lagartos I
Coro de Lagartos II
Dos policías, que no hablan
Voz de Gloria
ACTO I
Escena 1
La luz del mediodía ilumina
la plaza de Ciudad Mondongo.
Una gran valla de Joe
Hurtado, hombre de rasgos
anfibios y sonrisa
bufonesca, cuelga de la
fachada del Palacio de
Justicia; en ella se lee el
lema "Por un gobierno sin
corrupción" "Joe Hurtado
Presidente 2096 -3000".
Al centro del escenario una
estatua de un ex-gobernante
del siglo diecinueve.
A la derecha se descubre un
aviso de diseño Art Nouveau
que reza: "Cafetería
Milonga/Famosa desde 1848";
bajo éste, sobre el
proscenio, una mesa cubierta
con un mantel de algodón;
sobre ésta se ve un balde
desbordante de hielo, dos
vasos y una botella de
Chivas vacía. Alrededor de
la mesa hay cuatro sillas.
Se oye el final del himno de
la república -versión rock-
y el comienzo de un
ballenato que define el
trabajo como una maldición.
Desperdicios inorgánicos dan
un aspecto nauseabundo al
escenario.
Entra el AUTOR vistiendo
traje de prisionero.
AUTOR.- Un payaso sería, de
hecho, el más indicado para
presentar esta farsa, la
cual, lo aseguro, es en
realidad una tragedia; no se
burlen de mí, prometo
asesinar a uno de sus
personajes cuando él menos
lo espere. Pero para no
impacientarlos, al grano, he
hecho de mi mismo un
personaje, dejando en ascuas
a todo el coro de lagartos,
actores que se venderían por
un parlamento más. No sobra
advertir a todo pulmón que
esta obra no es en modo
alguno un salpicón de
improperios contra los
honorables gobernantes de
nuestra nación. No soy
pariente de los miembros de
la corte de lagartos y no
juzgo. Dios me libre. Sólo
pretendo recrear un decir de
mi bisabuelo: "No hay lambón
que no la lleve". Lambón,
del verbo lamber, es un
sinónimo de la palabra
adulador, del latín adulari,
que traduce acariciar el
culo [trasero]. El nombre de
esta pieza obedece a que en
nuestro país a todo lambón
de alcurnia lo llamamos
lagarto. Pero basta de
disquisiciones etimológicas.
¡Nuestros actores, lo
prometo, no abandonarán este
respetable recinto sin que
canten, bailen y coqueteen
con del grupo de la tercer
fila! Los ilustres y doctos
directores de la telenovelas
del mediodía seguramente nos
darán licencia. Ahora, nada
menos fidedigno a la verdad
que una obra de lagartos
locuaces. Cualquier
semejanza con la realidad
será mera coincidencia, y si
no lo fuese, en todo caso,
¿no es Mondongo un país
libre, en donde nuestros
idealistas denuncian la
corrupción sin que un
sicario los pase a mejor
vida? Mi pieza incluso,
podría ser catalogada de un
melodrama infantil a no ser
por el hilo dental que la
actriz guarda en el armario.
Me disculparán; olvidé que
se encuentra delicada de
salud. ¡Y yo tanto que le
dije que no se ensiliconara
los senos!
Mutis del autor. Entra
CARIFEA, mujer rechoncha de
treinta años, quien porta un
cestillo con empanadas y un
frasco de ají. Detrás,
ALIPIO, hombre de 45 años
quien viste un traje de saco
y corbata; porta una mesa,
un taburete y una máquina de
escribir. Ambos se instalan
a trabajar sobre el lateral
derecho.
CARIFEA.- ¡A la orden la
empanada!
ALIPIO.- ¡Declaraciones de
renta en un minuto!
CARIFEA.- ¡A la orden la
empanada!
ALIPIO.- ¡Declaraciones de
renta en un minuto!
Ambos miran de derecha a
izquierda. Se oye un clamor.
Entran cinco lagartos
liderados por LAGARTO
FÉTIDA, mujer alta y
esbelta.
LAGARTO FÉTIDA.- ¡Que viva
Hurtado!
LAGARTOS I.- ¡Qué viva!
Ya viró por el pasillo
Que no abra su quijada
Sin que apruebe el pecadillo
De un nuevo impuesto a la
empanada.
Salen.
ALIPIO.- ¡Dios! ¿Si oyó?
¿Otro impuesto más?
CARIFEA.- ¡No hay derecho! Y
no podremos evadirlo sin que
me descubran. Menos mal
contamos con la ayuda del
compadre Amado.
ALIPIO.- ¡Amado para aquí,
Amado para allá! ¡Estoy
harto! ¿Qué tiene de
especial?
CARIFEA.- Nos regaló una
lavadora hace tres años.
ALIPIO.- Mmm...
CARIFEA.- Nos prestó seis
millones de honrados hace
dos años, sin intereses...
ALIPIO.- Ah, claro.
CARIFEA.- Nos invita a su
finca todos los fines de
semana, habitación doble con
camas separadas, en donde
nos tiene lechona, aguacate
y pollo asado. ¿No es un
buen hombre?
ALIPIO.- Bueno...
CARIFEA.- Y luego de su
viaje a Francia se volvió
artista, y adquirió un nuevo
nombre: ¡Lover Joy!
ALIPIO.- ¡Es un apátrida!
CARIFEA.- ¡Conozco a su
padre!
ALIPIO.- ¿No decía él que
los mondongueses eramos de
lo peor?
CARIFEA.- ¿Y no es así? Qué
agudeza, que ingenio. ¡Por
eso se hizo llamar Lover
Joy!
ALIPIO.- ¡Es un egocéntrico!
CARIFEA.- Como todo hombre
de éxito.
Entra AMADO ALEGRÍA
vistiendo sombrero Panamá,
chaqueta rosada, camisa
celeste y un pantalón verde
limón. Lo sigue A MÍ AMAD,
periodista calvo y delgado
con un micrófono
inalámbrico.
A MÍ AMAD.- ¿A qué se debe
que los críticos lo
consideren la esperanza del
arte de Mondongo, maestro
Lover Joy?
AMADO.- Por el olvido que
seré, el cual, si se mira
con imparcialidad, es el
recuerdo que ya soy. La
cuestión es ¿hay arte en
Mondongo? La respuesta le
revelará quien soy: un
hombre del pueblo,
auténticamente pobre, quien
ya es, por cociente
histórico, el arte. Me
hospedaron en Francia y
puedo hablar sin pelos en la
lengua. Verbigracia: los
Botijas no son buenas
pinturas, sino un nombre de
marca. Es una cuestión de
marketing, ¿quién te
representa? Todo lo que se
ha hecho en Mondongo no vale
la pena, porque nadie lo ha
visto ni en los museos de
París ni en los de Tokio. Y
si los premios no son
otorgados en bienales, ni
modo, y si no lo donamos al
MOMA, fuera. ¿O sí? A mí me
da pena ofender a los
pseudoartistas de Mondongo,
desde Trueno hasta Comicio
Villamizar, todos, ante mis
ojos, meros decoradores.
A MÍ AMAD.- Usted estaría
candidatizado al premio
nobel de pintura si lo
hubiera, dicen.
AMADO.- Que grata noticia.
A MÍ AMAD.- ¿Lo aceptaría?
AMADO.- Y el de literatura
también: escribo sonetos,
¿sabe?
A MÍ AMAD.- Como Miguel
Ángel Burronoti...
AMADO.- Hay que darle son a
la vida.
A MÍ AMAD.- ¿Y cuáles son
sus planes?
AMADO.- Ganar a como de
lugar el concurso para la
realización del monumento al
nuevo aniversario de nuestra
revolución.
A MÍ AMAD.- Competirá con
varios hijos de familias de
abolengo.
AMADO.- Sí, pero yo haré una
pintura tan, tan
escandalosa, que, si Dios
quiere, al amanecer los
sacerdotes de la iglesia de
Mondongo me censurarán y me
excomulgarán.
A MÍ AMAD.- ¡Espléndido!
Pero, ¿no teme que lo
condenen a la hoguera?
AMADO.- Daría mi vida por el
arte, si es necesario.
A MÍ AMAD.- ¿Y los lagartos?
Son ellos los que deciden.
AMADO.- Ya les he hecho
antesala. Mi agente también
se ha encargado de hacerles
lobby y yo, para ir a la
fija, les enviaré una caja
de coñac y otra de whisky,
ambas envueltas en billetes
de doscientos honrados,
asegurándoles además que el
noventa por ciento de mi
presupuesto será suyo.
A Mí Amad y Amado salen.
CARIFEA.- ¡Qué gran vecino
es Amado!
ALIPIO.- Pero si lo único
que hace estorbar. Además,
¿quién es el? ¡El matarife
del arrabal!
CARIFEA.- ¡Y que buen corte
tiene!
Alipio toma una botella de
aguardiente y bebe.
ALIPIO.- Un estafador. Desde
que inauguró su fama los
perros del barrio se
perdieron.
CARIFEA.- Y usted, ¿desde
cuándo toma en horas de
oficina?
ALIPIO.- (Desafiante) ¡Desde
que me lo recetaron para el
hígado!
CARIFEA.- ¿Cómo?
ALIPIO.- Repito. ¡Desde que
se me da la gana!
CARIFEA.- (Aparte) Esa no es
la respuesta de un marido
pingo. Nunca, ni en el
noviazgo ni en el matrimonio
Alipio me había hablado así.
Algo sabrá. De cualquier
modo no habrá crimen
pasional. Ya veremos quien
tiene más pantalones. (A
Alipio) ¡No me levante la
voz, Alipio Ifigenio del
Plato!
ALIPIO.- ¡Ya le he dicho
mija, que la voz no se
levanta! ¡No se puede! ¡Es
invisible!
La Lagarto Fétida cruza el
escenario.
CARIFEA.- ¡Cómpreme la
empanada calientita, con
tocino, Lagarto Fétida de la
Cerda!
LAGARTO FÉTIDA.- ¿A cómo?
CARIFEA.- A mil, sumercé.
LAGARTO FÉTIDA.- ¿A mil? ¿Y
es qué acaso usted las frita
en aceite de oliva?
CARIFEA.- Sumercé si conoce.
Me lo traen de Sevilla,
Valle.
LAGARTO FÉTIDA.- ¿Me das una
fiada, por favor?
CARIFEA.- Que pena sumercé
pero prefiero conservar un
cliente enojado que perder a
otro harto y feliz.
LAGARTO FÉTIDA.- Me extraña
querida Carifea que
desconfíes de la honradez de
Fétida de la Cerda, la única
lagarta que defiende los
intereses de la gleba. ¿Si
sabes que soy un personaje
influyente, capaz de ayudar
a mis colaboradores?
CARIFEA.- ¿Cómo no? Estoy al
tanto de su relación con los
Hurtado.
LAGARTO FÉTIDA.- Entonces
fíele esa empanada a la
futura Primera Dama de
Mondongo. Mire que anda de
afán y no tiene sino
chequera.
CARIFEA.- Mire doctora, seré
todos menos lerda; sólo le
fío a la santísima trinidad,
y eso si la Virgen María los
respalda con una letra.
LAGARTO FÉTIDA.- ¡Pero qué
desconsiderada! Mira, si tú
me regalas una empanada, te
prometo un puesto con
salario copioso en el
Ministerio de Higiene, cuota
política que nuestro
presidente Joe Hurtado me
prometió desde que me
comprometí con su hijo.
CARIFEA.- Pero si Lemus
Hurtado no la quiere.
LAGARTO FÉTIDA.- Tú, que
jamás estudiaste la historia
de nuestras monarquías, no
comprendes que nosotros,
gente de alcurnia,
sacrificamos todo por la
política.
ALIPIO.- ¡Yo si he leído!
Deje de refunfuñar, mija y
fíele una empanada a la
lagarto de la Cerda.
LAGARTO FÉTIDA.- Ya oyó a su
consorte. Hágale caso y déme
esa empanada.
CARIFEA.- ¡Lo siento en el
alma, pero yo sólo acepto
efectivo contante y sonante!
Igual las encuestas
vaticinan la caída de los
Hurtado en las próximas
elecciones.
LAGARTO FÉTIDA.- Habladurías
del Jet Set. ¡Joe Hurtado
aún es el presidente de la
república de Mondongo, no lo
olvide!
CARIFEA.- Que pena pero yo
no le fío, ni le copio, ni
solicito, menos aún a un
lagarto que nunca antes
salió a la calle a comprarme
una empanada.
LAGARTO FÉTIDA.- Fíame que
no he desayunado.
La lagarto Fétida toma una
empanada y la lambe.
ALIPIO.- ¡Son mil honrados!
LAGARTO FÉTIDA.- Si quiere
se la devuelvo.
| |