CARIFEA.- Lo que no mata engorda. 

La Lagarto fétida muerde súbitamente la empanada.

CARIFEA.- (Aparte) Esta me salió gamina. (A Fétida) ¡Disfrute de su empanada calientita, su mercé!

La lagarto Fétida sale pronunciando sonidos con su boca llena.

CARIFEA.- ¿Y cómo es que conoce usted a Fétida de la Cerda?
ALIPIO.- ¿Yo?
CARIFEA.- Dijo que usted era mi consorte.
ALIPIO.- ¡Ole. de veras! (Nervioso) ¿Solucionó hoy lo de su pensión?
CARIFEA.- (Condescendiente) ¡Me negaron la tutela! ¡Triste vida! Veinticinco años en la registraduría y uno aquí, pasando hambre.

El Lagarto Pombo y Platillo cruza el escenario portando en sus brazos una caneca de latón.

CARIFEA.- ¡Ahí viene el lagarto Pombo y Platillo!

Alipio le arrebata por un instante la caneca al Lagarto Pombo y Platillo.

ALIPIO.- ¿Le ayudo con la basura, honorable miembro de la Guarida Nacional?
LAGARTO POMBO Y PLATILLO.- (Receloso) ¡Aléjese o le echo a mis guardaespaldas!
CARIFEA.- Sólo quiere ayudarle...
LAGARTO POMBO Y PLATILLO.- ¡Quite de ahí!
CARIFEA.- ¡Habrase visto! Y usted que se la pasaba pidiéndome que fuéramos a la cama.
LAGARTO POMBO Y PLATILLO.- Si acaso en tus años mozos preciosa; a las de tu edad sólo les pido que me lleven a la cámara.

Lagarto Pombo y Platillo sale.

CARIFEA.- l>
  
Obras de teatro

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Los Lagartos
Sátira o comedia absurda

Personajes
Autor
Joe Hurtado, presidente de Mondongo
Emos Hurtado, juez, hijo del anterior
Carifea, vendedora de empanadas
Alipio, su esposo, escriba
Fétida, lagarto
Pombo y Platillo, lagarto
López, lagarto
Filibustero, lagarto
Pétula Antena, reina de belleza
A Mí Amad, periodista
Amado Alegría, matarife, también artista
Telas Picas
Camarógrafo
Mendiga
Coro de Lagartos I
Coro de Lagartos II
Dos policías, que no hablan
Voz de Gloria

ACTO I
Escena 1

La luz del mediodía ilumina la plaza de Ciudad Mondongo. Una gran valla de Joe Hurtado, hombre de rasgos anfibios y sonrisa bufonesca, cuelga de la fachada del Palacio de Justicia; en ella se lee el lema "Por un gobierno sin corrupción" "Joe Hurtado Presidente 2096 -3000".
Al centro del escenario una estatua de un ex-gobernante del siglo diecinueve.
A la derecha se descubre un aviso de diseño Art Nouveau que reza: "Cafetería Milonga/Famosa desde 1848"; bajo éste, sobre el proscenio, una mesa cubierta con un mantel de algodón; sobre ésta se ve un balde desbordante de hielo, dos vasos y una botella de Chivas vacía. Alrededor de la mesa hay cuatro sillas.
Se oye el final del himno de la república -versión rock- y el comienzo de un ballenato que define el trabajo como una maldición. Desperdicios inorgánicos dan un aspecto nauseabundo al escenario.
Entra el AUTOR vistiendo traje de prisionero.

AUTOR.- Un payaso sería, de hecho, el más indicado para presentar esta farsa, la cual, lo aseguro, es en realidad una tragedia; no se burlen de mí, prometo asesinar a uno de sus personajes cuando él menos lo espere. Pero para no impacientarlos, al grano, he hecho de mi mismo un personaje, dejando en ascuas a todo el coro de lagartos, actores que se venderían por un parlamento más. No sobra advertir a todo pulmón que esta obra no es en modo alguno un salpicón de improperios contra los honorables gobernantes de nuestra nación. No soy pariente de los miembros de la corte de lagartos y no juzgo. Dios me libre. Sólo pretendo recrear un decir de mi bisabuelo: "No hay lambón que no la lleve". Lambón, del verbo lamber, es un sinónimo de la palabra adulador, del latín adulari, que traduce acariciar el culo [trasero]. El nombre de esta pieza obedece a que en nuestro país a todo lambón de alcurnia lo llamamos lagarto. Pero basta de disquisiciones etimológicas. ¡Nuestros actores, lo prometo, no abandonarán este respetable recinto sin que canten, bailen y coqueteen con del grupo de la tercer fila! Los ilustres y doctos directores de la telenovelas del mediodía seguramente nos darán licencia. Ahora, nada menos fidedigno a la verdad que una obra de lagartos locuaces. Cualquier semejanza con la realidad será mera coincidencia, y si no lo fuese, en todo caso, ¿no es Mondongo un país libre, en donde nuestros idealistas denuncian la corrupción sin que un sicario los pase a mejor vida? Mi pieza incluso, podría ser catalogada de un melodrama infantil a no ser por el hilo dental que la actriz guarda en el armario. Me disculparán; olvidé que se encuentra delicada de salud. ¡Y yo tanto que le dije que no se ensiliconara los senos!

Mutis del autor. Entra CARIFEA, mujer rechoncha de treinta años, quien porta un cestillo con empanadas y un frasco de ají. Detrás, ALIPIO, hombre de 45 años quien viste un traje de saco y corbata; porta una mesa, un taburete y una máquina de escribir. Ambos se instalan a trabajar sobre el lateral derecho.

CARIFEA.- ¡A la orden la empanada!
ALIPIO.- ¡Declaraciones de renta en un minuto!
CARIFEA.- ¡A la orden la empanada!
ALIPIO.- ¡Declaraciones de renta en un minuto!

Ambos miran de derecha a izquierda. Se oye un clamor. Entran cinco lagartos liderados por LAGARTO FÉTIDA, mujer alta y esbelta.

LAGARTO FÉTIDA.- ¡Que viva Hurtado!
LAGARTOS I.- ¡Qué viva!
Ya viró por el pasillo
Que no abra su quijada
Sin que apruebe el pecadillo
De un nuevo impuesto a la empanada.
 
Salen.

ALIPIO.- ¡Dios! ¿Si oyó? ¿Otro impuesto más?
CARIFEA.- ¡No hay derecho! Y no podremos evadirlo sin que me descubran. Menos mal contamos con la ayuda del compadre Amado.
ALIPIO.- ¡Amado para aquí, Amado para allá! ¡Estoy harto! ¿Qué tiene de especial?
CARIFEA.- Nos regaló una lavadora hace tres años.
ALIPIO.- Mmm...
CARIFEA.- Nos prestó seis millones de honrados hace dos años, sin intereses...
ALIPIO.- Ah, claro.
CARIFEA.- Nos invita a su finca todos los fines de semana, habitación doble con camas separadas, en donde nos tiene lechona, aguacate y pollo asado. ¿No es un buen hombre?
ALIPIO.- Bueno...
CARIFEA.- Y luego de su viaje a Francia se volvió artista, y adquirió un nuevo nombre: ¡Lover Joy!
ALIPIO.- ¡Es un apátrida!
CARIFEA.- ¡Conozco a su padre!
ALIPIO.- ¿No decía él que los mondongueses eramos de lo peor?
CARIFEA.- ¿Y no es así? Qué agudeza, que ingenio. ¡Por eso se hizo llamar Lover Joy!
ALIPIO.- ¡Es un egocéntrico!
CARIFEA.- Como todo hombre de éxito.

Entra AMADO ALEGRÍA vistiendo sombrero Panamá, chaqueta rosada, camisa celeste y un pantalón verde limón. Lo sigue A MÍ AMAD, periodista calvo y delgado con un micrófono inalámbrico.

A MÍ AMAD.- ¿A qué se debe que los críticos lo consideren la esperanza del arte de Mondongo, maestro Lover Joy?
AMADO.- Por el olvido que seré, el cual, si se mira con imparcialidad, es el recuerdo que ya soy. La cuestión es ¿hay arte en Mondongo? La respuesta le revelará quien soy: un hombre del pueblo, auténticamente pobre, quien ya es, por cociente histórico, el arte. Me hospedaron en Francia y puedo hablar sin pelos en la lengua. Verbigracia: los Botijas no son buenas pinturas, sino un nombre de marca. Es una cuestión de marketing, ¿quién te representa? Todo lo que se ha hecho en Mondongo no vale la pena, porque nadie lo ha visto ni en los museos de París ni en los de Tokio. Y si los premios no son otorgados en bienales, ni modo, y si no lo donamos al MOMA, fuera. ¿O sí? A mí me da pena ofender a los pseudoartistas de Mondongo, desde Trueno hasta Comicio Villamizar, todos, ante mis ojos, meros decoradores.
A MÍ AMAD.- Usted estaría candidatizado al premio nobel de pintura si lo hubiera, dicen.
AMADO.- Que grata noticia.
A MÍ AMAD.- ¿Lo aceptaría?
AMADO.- Y el de literatura también: escribo sonetos, ¿sabe?
A MÍ AMAD.- Como Miguel Ángel Burronoti...
AMADO.- Hay que darle son a la vida.
A MÍ AMAD.- ¿Y cuáles son sus planes?
AMADO.- Ganar a como de lugar el concurso para la realización del monumento al nuevo aniversario de nuestra revolución.
A MÍ AMAD.- Competirá con varios hijos de familias de abolengo.
AMADO.- Sí, pero yo haré una pintura tan, tan escandalosa, que, si Dios quiere, al amanecer los sacerdotes de la iglesia de Mondongo me censurarán y me excomulgarán.
A MÍ AMAD.- ¡Espléndido! Pero, ¿no teme que lo condenen a la hoguera?
AMADO.- Daría mi vida por el arte, si es necesario.
A MÍ AMAD.- ¿Y los lagartos? Son ellos los que deciden.
AMADO.- Ya les he hecho antesala. Mi agente también se ha encargado de hacerles lobby y yo, para ir a la fija, les enviaré una caja de coñac y otra de whisky, ambas envueltas en billetes de doscientos honrados, asegurándoles además que el noventa por ciento de mi presupuesto será suyo.

A Mí Amad y Amado salen.

CARIFEA.- ¡Qué gran vecino es Amado!
ALIPIO.- Pero si lo único que hace estorbar. Además, ¿quién es el? ¡El matarife del arrabal!
CARIFEA.- ¡Y que buen corte tiene!

Alipio toma una botella de aguardiente y bebe.

ALIPIO.- Un estafador. Desde que inauguró su fama los perros del barrio se perdieron.
CARIFEA.- Y usted, ¿desde cuándo toma en horas de oficina?
ALIPIO.- (Desafiante) ¡Desde que me lo recetaron para el hígado!
CARIFEA.- ¿Cómo?
ALIPIO.- Repito. ¡Desde que se me da la gana!
CARIFEA.- (Aparte) Esa no es la respuesta de un marido pingo. Nunca, ni en el noviazgo ni en el matrimonio Alipio me había hablado así. Algo sabrá. De cualquier modo no habrá crimen pasional. Ya veremos quien tiene más pantalones. (A Alipio) ¡No me levante la voz, Alipio Ifigenio del Plato!
ALIPIO.- ¡Ya le he dicho mija, que la voz no se levanta! ¡No se puede! ¡Es invisible!

La Lagarto Fétida cruza el escenario.

CARIFEA.- ¡Cómpreme la empanada calientita, con tocino, Lagarto Fétida de la Cerda!
LAGARTO FÉTIDA.- ¿A cómo?
CARIFEA.- A mil, sumercé.
LAGARTO FÉTIDA.- ¿A mil? ¿Y es qué acaso usted las frita en aceite de oliva?
CARIFEA.- Sumercé si conoce. Me lo traen de Sevilla, Valle.
LAGARTO FÉTIDA.- ¿Me das una fiada, por favor?
CARIFEA.- Que pena sumercé pero prefiero conservar un cliente enojado que perder a otro harto y feliz.
LAGARTO FÉTIDA.- Me extraña querida Carifea que desconfíes de la honradez de Fétida de la Cerda, la única lagarta que defiende los intereses de la gleba. ¿Si sabes que soy un personaje influyente, capaz de ayudar a mis colaboradores?
CARIFEA.- ¿Cómo no? Estoy al tanto de su relación con los Hurtado.
LAGARTO FÉTIDA.- Entonces fíele esa empanada a la futura Primera Dama de Mondongo. Mire que anda de afán y no tiene sino chequera.
CARIFEA.- Mire doctora, seré todos menos lerda; sólo le fío a la santísima trinidad, y eso si la Virgen María los respalda con una letra.
LAGARTO FÉTIDA.- ¡Pero qué desconsiderada! Mira, si tú me regalas una empanada, te prometo un puesto con salario copioso en el Ministerio de Higiene, cuota política que nuestro presidente Joe Hurtado me prometió desde que me comprometí con su hijo.
CARIFEA.- Pero si Lemus Hurtado no la quiere.
LAGARTO FÉTIDA.- Tú, que jamás estudiaste la historia de nuestras monarquías, no comprendes que nosotros, gente de alcurnia, sacrificamos todo por la política.
ALIPIO.- ¡Yo si he leído! Deje de refunfuñar, mija y fíele una empanada a la lagarto de la Cerda.
LAGARTO FÉTIDA.- Ya oyó a su consorte. Hágale caso y déme esa empanada.
CARIFEA.- ¡Lo siento en el alma, pero yo sólo acepto efectivo contante y sonante! Igual las encuestas vaticinan la caída de los Hurtado en las próximas elecciones.
LAGARTO FÉTIDA.- Habladurías del Jet Set. ¡Joe Hurtado aún es el presidente de la república de Mondongo, no lo olvide!
CARIFEA.- Que pena pero yo no le fío, ni le copio, ni solicito, menos aún a un lagarto que nunca antes salió a la calle a comprarme una empanada.
LAGARTO FÉTIDA.- Fíame que no he desayunado.

La lagarto Fétida toma una empanada y la lambe.

ALIPIO.- ¡Son mil honrados!
LAGARTO FÉTIDA.- Si quiere se la devuelvo.