Hugo Santander Ferreira
 
Hugo Santander Ferreira


  

________________________________________________________________________________________________
Portal
Escritos Académicos
Novelas
Montajes de Teatro
Poemas
Artículos de Prensa
Fotografía
Ensayos
Obras de Teatro
Guíones de cine
Cuentos
Divagaciones
Arte
Diatribas
Video
Cine
Crítica de cine
Crítica literaria
Cuentos infantiles
Traducciones
Sitio inglés
Sitio francés
Escríbanos




Hija del Infierno

Tragedia para cuatro actores y un coro de mujeres en un acto único


Atardecer. Patio común a varias edificios. Niños juegan. Entra un coro de ocho mujeres de las riveras del río Magdalena. Visten trajes negros ceñidos bajo los senos y abiertos hasta el suelo. El vaivén de sus pasos es fúnebre. Niños salen. El coro se sitúa a la derecha del escenario.


                    CORO

ESTROFA I
¿Qué clamor nos trae desde el Magdalena?
Acaso otra mujer es puesta a prueba?
Nuestras lágrimas se secaron en pena;
Ahora la desdicha, ¿en quién se enseba?
Algo injuria la paz en la montaña,
Que es arduo guardar ecuánime los años
Sobre un campo tejido con cizaña
Do hermanos alentaram mutuos daños;
¡Hijos a sus madres el duelo Propiciaron! 

ANTISTROFA I
Hace tiempo nuestros padres sin cordura                     10
Contendieron y los campos profanaron.
EI Jilguero acalló su canto y dura
Lluvia se negó; los frutos marchitaron.
¿Quién controlará la cólera que embriaga,
Derrama sangre y seres enajena?
¿Quién sanará la impotencia, cruenta llaga
De mujeres frágiles del Magdalena? 

ESTROFA 2
Nuestros hombres desoyeron nuestro ruego;
Su sangre irrigó fruta desabrida.
Somos madres que padecen dolor ciego.                     20
¡Muerte aquí procura paz y anida!
Los valientes se consumen en pecado,
Sus hijos infaustos sucesos prometen;
Los ha marcado de la Soberbia el hado
Y asesinatos, posesos, acometen.

ANTISTROFA 2
Las lágrimas de estas mujeres mustias
Inútiles son en pechos inclementes;
No hay sentido em confesar angustias
A un alma pétrea, a testas indolentes.
Sólo quien reconoce en sí flaquezas                            30
Compadecer puede y habla con acierto.
Que en la vida los goces son pavesas
y plenitud aflora en campo yerto.

(Entra Hermíone, mujer de mediana edad. Viste de negro.)

                    CORO
¿Qué infausto suceso augura el hado?
¿Qué acongoja en esa mujer su virtud,
Su livido rostro antaño codiciado
Ya en los albores de la senectud?
Sus manos han arañado sus pómulos,
Fúnebre es su vestimenta desprolija.

                  HERMÍONE
Mi nombre no lo acuñes, en cúmulos                     40
De odio Hermíone fui llamada. Hija
Del hades traduce mi nombre.


                   CORIFEO
                              Traídas
¡Oh! Hermíone, por tus solitarios ayes
Venimos a ti, también alicaídas,
Habla, silente no alivias tus males;
Nosotras, antes hijas del Magdalena,
De la Voluntad Eterna hace años
Fuimos prueba.


                  HERMÍONE
            ¡Angustia me enajena!

                   CORIFEO
En la confesión podrás curar tus daños.
Hay un mañana, ¡vive!, hay esperanza.                    50
Incólumes hemos de afrontar reveses;
Sé que en la vida hay más lucha que danza
Y que la dicha sólo se da con creces
A quien sabe que hay en la balanza
De sus días gozo y mal con equidad,
O a quien goza con cautela la bonanza
Sin apego por el oro o la maldad.


                 HERMÍONE
Mi alma seca está.

                 CORO
              Como clara luna
Insufrible en su andanza, que sube
A cumplir su cometido, asi una,                         60
Aún opacada por oscura nube
Ha de aguardar enhíesta cada desventura,
Que paz sólo a la muerte nos es dada.

                  HERMÍONE
Niña, dicen, tuve una gloria futura
Mas mi presencia a los hombres desagrada
Mi memoria de lágrimas se sacia.


                   CORIFEO
¿Orando no curarás tu desconsuelo?

                   HERMÍONE
A Dios trémula por un hijo pido gracia.

                   CORIFEO
¿Por él truecas tu molicie en anhelo?

                  HERMÍONE
De todas él es mi pena más antigua.                    70
¡Mi hijo mayor! Lejano tal vez yace;
Otros tres habitan la pieza contigua,
Son de otro padre, que mi odio abrase.

                    CORO
No comparte dolor quien sufrir no cree.
Pero a nosotras que hemos sepultado
A nuestra prole, tu confesión provee.
¿Lloras a un primogénito enterrado?


        HERMÍONE
En mi culpa callo.

      CORO
      Para    feligresas
Hay perdón si enmiendas antiguos errores.

              HERMÍONE
Un nuevo mal abre culpas inconfesas;                     80
En mi corazón cristiano hay temores.
Más mi dolor deja su pudor y hablo. (Pausa.)
Todavía mozuela procreé a un hijo.
Virgén fui, y Cupido con venablo
Zahirió mi cordura y me maldijo.
Compañera de un hombre aventurero
Anduve con mi crío. Sola al cabo
Me vi con fruto de hombre pasajero
Y víctima de nefasto furor bravo
Lo vendí a una mujer acaudalada                        90
Probada por Dios a estéril vientre.
¿Dónde mi hijo? Ay, desventurada
Oro a Dios a su a su corazón jamás yo entre.


                    CORO
Nunca la miseria habite en casa,
La pobreza, incluso es soportable
Si con honra, pudor o virtud se traza
Mas Dios nos guarde de mal inefable:
Padecer hambre y sufrir falta de techo.
Son escasos quienes en nosotras buscan
Abrigo materno y, ¡ay!, goce estrecho                     100
Procura la falta de pan.


                   CORIFEO
No produzcan
nuestros miedos en tí, Hermíone, pavura.
Has pecado, mas en su misericordia
Dios otros hijos lozanos os procura;
El en familias acaba la discordia,
No abandona al fiel a las trampas del azar.


                  HERMÍONE
¿Qué madre no lamenta a un hijo ido?
Como ave que grazna sola sobre el mar
Buscando al polluelo que sabe perdido,
Así me quejo a solas por mi crío.                         110
Pero otro lamento, aún sin nombre
Me conmina a abjurar del amor pío
Que siento bulle en mí por aquel hombre
Simiente de la progenie que conservo.

(Entra Pedro. Observa desafiante al coro y enfrenta a Hermíone. Esta va a abrazarle. El la evita.)

¡Miradlo! !Vuelve después de larga ausencia!
Cálido temblor me envuelve. ¡Me enervo
En olas de repudio a su presencia
Mientras la dicha de verlo con vida
Me enternece!

                    CORO
               ¿Cuál es tu nombre forastero?

                    PEDRO
De este mundo es mi estirpe aguerrida,                     120
Pedro soy, mas no me llameis extranjero.
Tengo hijos y mujer en el poblado.
Bacatá acoge al ser que con antojos
Gana. Ciudad común es al Dorado.

                  HERMÍONE
Con desdén a este sitio ven tus ojos
Y las ropas que antaño te cubrieran
Ajustadas al oficio y a sus gajes,
Austeras, que mis propias manos tejieran
Cambiado has por presuntuosos trajes. (Pausa.)
Habla, ¿no es acaso largo tu interludio?                    130
 
            PEDRO
(A Hermíone.)
A acabar esta cuestión estoy de vuelta.

        HERMÍONE
(Tomando sus manos.)
¿A acabar? ¿Merezco yo de ti repudio?

            PEDRO
Vengo a recoger mis vástagos. ¡Suelta!

            HERMÍONE
(Reculando.)
¿A qué viene tanto desprecio? ¿Acaso
No ves en mí a la madre de tu prole?
¿O es verdad que te pierdo en un abrazo?
Murmuraciones que el castigo asole
Circundan mi tálamo desde tu marcha;
Hablan de otra hembra joven y enjundiosa
Que como tibio viento tras la escarcha                    140
Congela la pasión que antaño
Tuya fuera. ¡Pronto mi pasión se niega!

            PEDRO
¡Calla! Renuncié a un porvenir sano
Por tí; tú me arrancaste de la siega.

            HERMÍONE
¡Ah! Sólo vendé heridas con mi mano,
A falta de amor de si vivir dudabas
Y a poco acabas en edad temprana.
Vencido a la pereza te entregabas,
Sin lucha, cobarde ante el mañana.
¡Oh! ¿Es mi edad la causante de tu insidia?                150
¿O son las burlas que algun demonio traza
Las que cambian tu ternura por desidia?
Doy perdón. Soy tu mujer, ésta tu casa.
                    CORO Dignas son de compasión en un amante
Sus frases cuando desbordan desengaño.
(A Pedro.) Abandona la soberbia en tu talante.
Olvida. Aún puedes enmendar tu daño.                      PEDRO Fácil fue perder en ella mi conciencia Cierto es que te hallé en tiempos borrascosos,
Mas sabes que en mí no hallaste reticencia;                160
Fuimos, sí, seres laxos en días penosos;
Mas yo también te ame mientras amada;
Ahora que es menester marchar, recuerda.
                   HERMÍONE ¡Ah!, ya oía que la dicha está vedada
A los mortales mucho tiempo. Concuerda
Este son con mis llagas, ahora abiertas.
Antes bienhechor, hoy hosco me replicas.

                    PEDRO
Déjame avanzar. Hablamos frases tercas.  (Avanza. Hermíone lo detiene.)                     HERMÍONE
Antes oye. Luego haré lo que me indicas.  Yo insuflé en tu alma aliento vivo,                    170 Desperté vigor y acordes a la usanza Abandonamos los gajes del cultivo  Cifrando en esta metrópoli esperanza. Como palomo perteneciente a un grupo  Que emigró hacia el mar en raudo vuelo Y por cansancio al palomo mayor cupo  Desterrar, y anda sobre el amplio cielo  Undívago, para ser -fue su destino- De algún águila rapaz futura presa,  Asi tu llegaste hasta mí sin camino                 180 Solo y abatido con el alma lesa.

PEDRO
        (Con ternura.)
Curamos nuestras faltas, todo terminó.                 HERMÍONE
¡Oh, Pedro! Tu corazón late, ¡regresa!                 PEDRO
En tu vientre fértil mi fruto germinó
Y tu tez, bronceada a la intemperie
Recobró su enjundia en mi pujanza.
Servitud que nutrió nueva progenie
¿Para qué tanto gemido? La tarde avanza.

HERMÍONE
¿Temes a la noche que mi cuita anuncia?
¿Temes a mi voz que a la tuya enturbia?                 190

PEDRO
(Aparte.) Su mirar me enerva.
(A Hermíone.) Replicas con argucia
Apelas a mi edad más turbia.


               HERMÍONE
¿Crees que otra hembra te dará arrojo
En otro trance difícil? No. Pierdes conciencia.
Goces etéreos te rijen a su antojo.
A tus faltas siempre guardaré paciencia.


                    PEDRO
Vine por mis hijos.

     HERMÍONE
                     ¿Sabes donde estaba
Mientras te embriagabas en breves placeres?

                    PEDRO
¡Calla! También lastimar puedo.

                  HERMÍONE
                               Acaba.
¿No has herido ya a quien te ama?                    200

                    PEDRO
Mujeres, He escuchado a Hermíone condescendiente. Habreís notado que es mujer elocuente:                   
En edad crédula, siendo adolescente
Me atrajo con frases de madre clemente,
Me sedujo como ahora a mis hijos seduce
Para alcanzar obediencia. El comienzo
Fue aquel; vieja artimaña que transluce
Bajo ceño maduro. Como pintor al lienzo
Tiñe en colores con destreza
Hasta tornarlo en obra variopinta,                 210
Así ella tiñó mi cuerpo con vergüenza
En acople insistente que la tornó encinta.
Es hora, pues, de acabar su demasía.
Dicha en otra mujer más juvenil he hallado
Dispuesta a criar mi estirpe sin manía,
Trocando en caricias su oscuro legado;
Pues sé que su odio brotó en predios cercanos
Y la ignominía su pasado aflige (A Hermíone)
¡Cede! Me obligas a revelar arcanos!
                  HERMÍONE Ahora las pruebas que Dios me inflige                220 en boca de otra son delitos, no decretos
Obtuve perdón. ¿Somos lo que fuímos?
¿Qué fraguas?
                    CORO                Triste quien no guarda sus secretos
A un amante, triste quien dada a los mimos
Y dulzura olvida que la dicha pasa.
Triste quien habituada al abandono Se atreve a ser feliz y su cuerpo enlaza
Para por breve reino ver caer su trono
Sufriendo con mayor rigor antigua pena.
                   HERMÍONE Le pregunto, pero observa con desdén                 230
Mi cuerpo, para él vetusto, y me apena
Oírle confesar sucesos que en nuestro edén
compartimos en compenetrantes goces.

PEDRO
Quiero ver a mis hijos.

                  HERMÍONE
                   Avanza. Adentro están.
Pero no permitiré siquiera que los toques.

                    PEDRO
Tu enardeciemiento me impulsa a ser truhán;
No esperes, madre desnaturalizada
Conmiseración alguna de mi parte.
(Al coro.) ¿Apoyais, gente a nuestro sino enlazada,
El desdén que contra mí esta mujer imparte?            240
¿Cuyos gestos repudian desamor?
Virgen, lejos de mí, su hermosura se apañó
En brazos de pícaros a quienes dio calor.
A otros aventureros sin cepa acompañó
Cediendo pródiga a placeres dañados.
Al vaivén del mundo esquivó la unión nupcial
Y vendió su primogénito a padres hastiados.
Repudiada me tomó en momento crucial.
Yo la acojí como prófugo el destierro acoge
En tierra de seres indolentes                    250
Antes que mortificarse en tedio encierro.
¿Debo acatar entonces, mujeres dolientes,
El mandato sacro de perpetuar su unión?
¿O, como ella, gozar también el amor puedo
En otros cuerpos quejumbrosos? Hoy mi pasión
Es unirme a otra en ley fuera del credo
Dando a mis hijos una madre estable,
Pues a Hermíone cubre un pasado de ignominia
Y darlos a su crianza no es confiable.

                    CORO
Rebasa justa apreciación la calumnia.                260
Tus palabras son soeces. Tiempo perdida
Hermíone abandonó ese vil sendero
Para de la Providencia, arrepentida,
Recibir al final preces. ¡Ah! Zahiero
La imagen de belleza en tu inocencia.
Ella sufrió, tu sólo has sido dicha.
Ella presa, tu esclavo de concupiscencia.
Desprecias sosiego, desatas desdicha;
Quieres batallas, mas conquistas dejas.


        HERMÍONE
Ya no puedo tejer las mismas esperanzas                270
Que animaron tu cariño. Hoy me vejas.
Mi amor es mi traidor. (A Pedro.) ¿Revives mis andanzas?
¡Que sufrí varios años sola, agrega!
¡Que preparada estaba a una vejez sin prole!
Y ahora, ¿debo retomar la diaria brega
Soportando que la soledad me asole?
¡Resignarse a ver escapar la dicha pesa!
Mis historia está poblada de incongruencia,
De pulsación materna que acabó en pavesa.

        CORO
Dolor abre heridas sin reticencia                    280
Un gallardo mancebo procura hermosura;
Su entorno indeferente lo conmina
A hallar refugio en compañía madura,
Mas el tiempo tienta con ensoñación mohína.
Mas valiera a HERMÍONE no haber conocido
A un hombre que desconocía la vida.

        PEDRO
El sol declina. Acalla tu llanto fingido
Y cede.
(Avanza. Hermíone se lo impide.)

        HERMÍONE
        No. Lucharé. Qué Dios decida.

        PEDRO
Sabes que emplear la fuerza no me apena.
(Enfrenta a Hermíone, quien cae. El coro da un paso amenazante.)

        CORO
No intentes cometer una injusticia                    290
Ante nosotras, mujeres del Magdalena.
Juntas, aunamos fuerza con pericia.

        PEDRO
Sólo contra mí guardáis juicios contrarios,
Mas sabed que de ella su estirpe es violenta;
Creció hija y hermana de sicarios
Que sangre vertieron al caudal del Pienta
Infundieron terror en pueblos aledaños;
Apuñalaron al débil para hurtar sus tierras.
Así lugartenientes fueron varios años.                300
Evaristo, su hermano mayor, en sierras
Cardas violaba a rameras. Así se afirmaba
Como señor del campo y toda bestia,
Y el pueblo,arredrado, lo ignoraba
Sólo el cura negábale su hostia.
(Pausa.) Así maculó, de ésta su hermano
En orgia sensual los lechos del río
Hasta que, encendido su deseo insano
Vió a Alicia, Mestra de rostro pío.
Ya despreciaba a la hembra iletrada
Ya sólo ansiaba a la virgen piadosa,                310
Y, ebrio, forzó su casa a la alborada.
Ella se negó, él, con ansia furiosa
Disparó y truncó sin de piedad asomo
Sus tiernos años. De Alicia, al poniente
Hallaron su cuerpo, y un casco de plomo
Que en sangre hollaba su nívea frente.
El pueblo, colmado, enristró su lanza
Contra el asesino por su impiedad.
Anónimas huestes encarnaron la venganza
Y Hermíone perdió en una tarde su heredad.                320
Sola tomó a dos hermanos y a su padre
Con Evaristo los sepultó y vivió
Pues hondo luto consumió a su madre
(Sin hijos, un cáncer la carcomió.)
Pero sólo hasta vertir la sangre yerma
No de su familia, sino del cobarde
El pueblo no amainó su reyerta.
Ella y Evaristo huyeron al caer la tarde:        
Salvando abismos de paso tronchado
Hasta que asediados por la gleba,                    330
Fueron aprehendidos. Evaristo ahorcado.
(A Hermíone.) ¡Ah! Si entonces te hubiesen puesto a prueba
Habrían descubierto en tí furores.
¡Pues en tu ser Perdón no halló morada!
En inocentes fuiste a amainar dolores
Tu ánima en destrucción está abalada.
(Al coro.) Que contra los evangelios, muertos
Dió a los muertos, venganza a sus hermanos;
Cuatro cuerpos al orto despuntaron yertos;
Así ella también manchó sus manos                340.
(A Hermíone.) De mí, entonces, compasión no esperes
Ni acudas a otras con frase mañosa
Llamándome vejador de mujeres;
Que virtud solo en tu debilidad reposa
Como antifaz que al actuar se desvanece.

                    CORO
(A Pedro.) Si te juzgamos, ahora te entendemos
Y el afán de emitir juicio decrece;
Mas duro es el talante que en ti vemos,
Y tu hosca voz en tus ofensas crece.
Obstinado en tus fines no escuchas                 350
Ni perdonas. Nuevas faltas recriminas.
Mira a Hermíone, quien libra internas luchas.

                  HERMÍONE
¿Por un hecho ajeno a ti me discriminas?

                    PEDRO
Sólo amo a mis hijos, que ya no a ti.
¡Pero basta! Se que insistes en guardarlos.
Mas sabe que mi amenaza no es baladí:
Dispongo de tus secretos y sé usarlos.
Otros detentan el poder y pueden
Conducirte a sufrir un mal mayor
Que si a mejor conducta tus ánimos ceden.                360

                  HERMÍONE
Taimadas acciones no me infunden pavor.

                    PEDRO
¡Con improperios del deber no huyas!

(Toma una muñeca de Hermíone en sus puños. El coro avanza amenazante. Pedro libera a Hermíone amedrentado.)

Yo ostento tu condena, no me obligues
 
                HERMÍONE
¡Trae a la ley! Dí mis palabras que fueron tuyas
Al Gobierno ajeno si lo consigues,
Me falta ánimo para ceder mi prole;
Que Hermíone más mal sufrir no puede.

(Pedro sale. Tres niños entran de prisa y se asen a la falda de
Hermíone.)

                     CORO
ESTROFA I
Cuando el hondo trueno el silencio asole
Y rasguen los cielos un fulgor adrede
Al hombre azotará la furia de Natura                370
Y la tierra se convulsionará
Hasta aniquilar a esta especie que dura.
Pero entre tanto más odios coronará
El hombre: infortunio y desasosiego
Sólo amainado por gotas de dicha.

ANTISTROFA I
Sólo eterna vida procura sosiego
Y fuerza al enfrentar cada desdicha,
Sólo ella da sentido al Ser Divino
A quien nos confiamos y no comprendemos:
Mas cabe al hombre enderezar su destino,                 380
Cuando soberbios las desgracias vemos:
Dios desborda nuestra mente en esplendor
Que en el poder de intuir los males brilla;
Pero Soberbia enciende aciago ardor
Y nos apenamos del perdón que humilla

ESTROFA 2
Así damos al otro mal como alimento
Que sacia nuestra mancillada fama;
Así nos desvíamos bacia el tormento
Tejiendo en el sutil dolor su trama.
¡Hija! No dejes declinar tu ánimo                         390
Al mal. Resiste a la tentación de Pedro.
Nosotras ya sufrimos tu desánimo
Y en penitencia suplicamos nuestro medro
A Jesucristo, latente en su palabra.

                CORIFEO
(Levanta su vista y encara a Hermíone.)
¡Mujer! Cada uno oculta un pasado
Que nunca, por pudor, ni a sus hijos abra;
Más el hastío punza el estrado
Do habita conciencia, y nos impela
A calmar nuestra inquietud hablando.
Así mi lengua es mi traidora, o apela                900
Acaso a otro designio, procurando
Paz pasajera al desteñir su angustia.

HERMÍONE
Habláis con juicio, mas no tengo oídos
Para esperanzas de paz, y mustia
Permanezco con mis hijos a mí asidos,
Pues ya nada valgo, nada me importa.
Sufrí niña de mis penas la primera:
¡Ay! De mis hermanos su vida fue corta;
Debí morir y no andar como ramera
Oculta al día, huyendo en las noches.                410
Pidiendo asilo a los asesinos
De mi casa: sufriendo sus reproches.
¡Y sufro pues de sangre teñí los caminos
Sí, vengué sus muertes y me culpo;
Hube de huir hasta rudos poblados
Do me vendí al azar; a nadie inculpo.
¿Quién soy? Víctima de todos los pecados
Me hundo entre sus pechos y prosigo
Augurando un fin fatal a ésta, mi casa.


                    CORO
(Arrodillado, brazos abiertos. Al cenit.)
Nadie está libre, nadie, de llevar consigo                     420
El mal de Hermíone, que el destino tasa.
¡Líbranos, Dios nuestro; de nuestros errores¡
¡Da luz a tus hijos que en tu ausencia sufren!
Los ecos de Pedro encienden temores
En los corazones que las horas pudren.

(Entra Emilia, anciana. Viste un largo traje gris.)

                  CORO
Viene una Anciana de mirada pía;
¡Inmaculada Virgen! Media en nuestro ruego
Alejanos de las borrascas de este día
Sin penitencia Hermíone enciende el fuego.

                   HERMÍONE
¡Emilia!                

                   EMILIA
¿Pedro te relato lo hecho?                    430

                    HERMÍONE
¿Lo sabías?

                   EMILIA
               Sí.

                    HERMÍONE

                              Tarde hablas.

                   EMILIA
                             Esperaba
A que una vez su apetito satisfecho
El devolviese su ardor a quien amaba.

                  HERMÍONE
Si antes me amó ahora me repudia;
Si antes mi amigo, ahora mi enemigo.

                   EMILIA
Sagaz fue quien dijo que el amor preludia
Al odio, su contrario. Pero comigo
Guardo la sabiduría de los años
Y sé que de las mujeres son los hombres
Que propagan su apellido sin engaños                440
Así que a Pedro Culpable no nombres,
Antes signa a esa mujer engañosa
Que no construye amor sino lo roba.
Y dí si en Pedro su lengua no rebosa
Frases femeninas, palabras de alcoba
Que él aprendiera entre adúlteros mimos.
Dí si su voz no era suya, y lucha
Por su afecto, que de él vivimos
De su carencia envejecemos.


                  HERMÍONE
                     Mi ser escucha
Su asperó tono, y creer no puedo                450
Que caricias y actos sean opacados
Por una lengua con mayor denuedo.
El quiere ver a sus hijos inmolados,
lejos de su madre, a otra falsa madre,
Y conmigo, como hiriente hiena
Acude al Gobierno, falso padre
Que sólo castiga, desoyendo Pena.

                   EMILIA
Temes al Gobierno; mas él callará ausente.

                  HERMÍONE
Mi pesado brotaba en sus labios.

                   EMILIA
Tu pasado, que no su presente.                460

                   HERMÍONE
¡Habla! Presa estoy al rumor y a sus cambios

                   EMILIA
¡Calmate! ¡Mi voz debería guardarse!

                  HERMÍONE
Sé menos que tú de mí. Callo rendida.

                    EMILIA
Sabe que el teme, yendo, encarcelarse.

                     HERMÍONE
(Cae adolorida.)
¡Ay! ¡Ay! ¡Tiempo para mí fue tu voz temida!

                   EMILIA
Ahora aleja tu temor, que Certeza,
Aunque dura, aliviar puede a la angustia,
Y resiste a la ley con entereza
Que sólo toca a ella el alma mustia.

                  HERMÍONE
En sus silencios algo presentía;                470
El de un tiempo para acá él ya no era Pedro
Un haz foraneo en sus ojos yacía;
El desoía mi anhelado medro.
¿Aún debo dar dicha? Verdad acaba
En que si me deja es porque renuncia
A todo lazo que al bien le ataba;
Y al tener a otra al mundo anuncia
Su apego a la carne, y su impiedad
Para comigo y estos nuestros hijos.
Mas aclara sus avatares, ten piedad                 480
De mis ojos que en tus labios yacen fijos.


                   EMILIA
Es honda tu congoja  y yo la tomo
Como mía, pues terco corazón de piedra
Tendría quien sin de piedad asomo,
Te sintiese y enhíesto, como hiedra
A muro asida, desatendiese tus preces.
(Pausa.) Ha tiempo este arrabal que vivía
En pobreza, y nosotros, juntos, muchas veces
Pruebas solucionamos; nos unía
La vicisitud de un nuevo infortunio;                490
A alguien faltaba pan, alguien lo daba,
A alguien injuriaban durante junio
y antes de julio la ofensa se cobraba.
Se vivía lo justo, no el delito
Y cada cual era miembro de mentada
Comuna de barrio, ya ungida en mito.
Más hará un lustro, ya Paz fermentada,
Que la tentación del fácil dinero
Carcomió en los jóvenes su hombría;
Los de pulcro traje llegaron primero,                500
Luego los variopintos, quienes habría
De signar el sino con temprana muerte;
Cada cual aquí encontró sus adeptos.
Y como leño que en el fuego a su suerte
Se entrega impotente, así ineptos,
Varios aquí entregaron su sosiego
Al crimen, y codiciando más dinero
Se desbocaron en frenesí ciego
Do ahora están, despreciando el fuero
De reconciliarse con conducta recta.                510
Pedro, como tantos, creyó pasajero
Aquel cambio, y ajeno a actitud abyecta
Desoyó propuestas de tunante. Empero
Vió cada día a los injustos prosperar
Y él, siendo justo, declinar. Envidia
Tomó su pecho, y a punto de desesperar
Buscó a hombres de conocida perfidia
Granjeándose su breve aprecio.
Ya entonces su voluntad se doblegaba
Y si el nuevo caos miró con desprecio                520
A la postre lo acogió. (Pausa.) Su honradez acaba
Cuando el crimen acogió su torcedura. (Pausa.)
Hoy todo a una orden acomete
Y no repara en el mal que procura,
Su agrupación porta un brazalete
Que terror despierta en viudas y niños.
Sus manos en sangre han sido teñidas
Y aquella mujer, a quien da sus cariños
Emprende obras de mujeres vendidas
Seduciendo a cuerpos para darles muerte,                530
El metal es la ley de aquellos seres
Que abandonan familias a su suerte;
Su ego busca inmediatos placeres
Le ensordece culpa y Mal le hastía
Sólo aliviándole un mayor pecado.

        HERMÍONE
¡Ah! Mi resistencia mengua con el día;
Si estuvo, ahora escapa el ser amado.
Necia he sido al escuchar tus voces,
Que todo el horror en mis senos guardo.
¡Venganza! Mi corazón no más destroces.                540
¡Pedro! ¡Pedro! Por su amor aún aguardo
La vuelta de la dicha a mi presencia
Cuando su desdén moría en un abrazo
A oir el latido de su descendencia.
¡Mi amor entonces se hundía en mi regazo!

        EMILIA
Oye, Hermíone, mis frases, que todo trance
Remediarse puede si la paz persiste;
Mira a tus hijos; de este percance
Inocentes son. Si de Pedro oíste
Amenazas, ellos no las entendieron.                550
¡Huye! Que la noche propaga sus sombras
Y el primer lucero sus ojos ya vieron.
Toma algo de comer y dos alfombras
Que durante el viaje te sirvan de lecho.
En la inhóspita zona de Cusiana
Tendrás para ti y tus hijos pan y techo;
Creceran, y luego te honraran anciana.

        HERMÍONE
Ni los consejos, ni las súplicas piadosas
Que tú y estas mujeres destilan
Curar pueden mi destino.                    560

        CORO
                    Temerosas
Ante los sucesos que las horas hilan
Nos unimos a los consejos de Emilia.
Tal vez tu alegría en otra parte
Esté, en una numerosa familia
Fértil, que quizá otro pueda darte.

        HERMÍONE
Sembrar en alma inútil esperanza
Es retardar los sucesos. ¡Hijos, entrad! (Obedecen.)
Vuestra madre paga caro su venganza,
El sufrimiento comienza a vuestra edad. (Pausa.)
Mas, ¡ah! ¡Que todo recuerdo grato fenezca!            570
Y avance del adulterio su veneno,
¡Que en mí se encienda del odio la yesca
Contra el ser odioso, a mí ya ajeno!

        EMILIA
¡Ay, Hermíone! ¿Qué furores llamas?

        HERMÍONE
                        ¡Pedro!

        EMILIA
Desvarías si al mentarlo lo maldices.

        HERMÍONE
¡Qué venga! Y dile que no me arredro
Ante sus desaires.

(Sale.)

        EMILIA
                ¡Ah! El mal te posee.
Dios quiera que ahora él aquí no venga.
Ojalá a aquella mujer desee                    580
Antes que a sus hijos, si no que se atenga
Al crepitar del fuego que encendió su obra.

(Sale.)

        CORO
ESTROFA 1
Grises nubes ahogan el crepúsculo
Y al aire pueblan gemidos de zozobra.
¿Quién es Hermíone? Un ser minúsculo,
Inerme ante los actos de su amado,
De rostro enjuto ante la frescura
Que otra mujer a él a entregado.

ANTIESTROFA 1
Pero ¡ay! Pobre de aquella que procura
Teniendo vientre, burlar a natura                    590
Para emular al hombre, su sustento.
Deja vida, en que a sí misma perdura
Por gloria inasible como el viento.
Por si misma luchas emprende con brío
Sacrificando el germen que Dios crea
En cada mujer para cuidar su crío.
Sed padece y estéril se recrea.

ESTROFA 2
Se torna el hombre un monstruo bifronte
Cuando es centro del mundo y no apartado.
«Sólo Humildad distingue el horizonte                600
De los goces al amar y ser amado;
Es la ternura quien crea la armonía
Y no el orgullo, preludio de zozobras.»

ANTIESTROFA 2
Este saber antiquísimo ponía
Al hombre dueño de sus propias obras.
Mas los violentos ¡ay! Aún palpitan
Y desalmados su credo proclaman.
Veinte siglos de escritura tiritan
En los sótanos. A Jesús desaman
Quienes ensalzan crueldad insana.                    610

EPODO
Líbranos, ¡Dios nuestro!, del desengaño
Que de la historia de cada cual emana.
A Hermíone insufla aliento, evita el daño
Y hazle saber la causa de sus cuitas;
Si acaso purga pecados inconfesos
O a Satán la dejas y en su fe la agitas.
(Entra Hermíone.)
¡Dale luz, qué tiemblan sus ojos posesos!        
                    
        CORIFEO
¡Ay, Hermíone! ¿Qué aciago pensamiento
Mancilla tu semblante? Pues tus mejillas
Maculan lágrimas secas por el viento.                620

        HERMÍONE
¡Si en mí hubieran muerto sus semillas!

        CORIFEO
¡Tus hijos! ¿Dónde están?

        HERMÍONE
                        Adentro, en cama,
Prestos a dormir.

        CORIFEO
                        Más una luz pálida
Veo en su cuarto.

        HERMÍONE
                        Es del fogón la llama,
Que una sopa de hierbas coce.

        CORIFEO
                        Cálida
Los cuidas.

(Entra Emilia.)

        EMILIA
                ¡Ay, mujer! ¡Mi voz no maldigas!

        HERMÍONE
¡Ay! ¿Qué dices?

        EMILIA
                Y a tu hombre no maltrates.

        HERMÍONE
¡Ay! ¡Con oscuras frases me fustigas!

        EMILIA
Si no huyes, más angustia no desates.
¡Ay! Imprudente contigo he sido hablando            630

        CORO
De tu apremio, di la causa, aclara
Ya que de Hermíone proceder nefando
Es de temer esta sombría tarde.

        HERMÍONE
                                    Cara
Es la noticia concisa si sufrimos.

        EMILIA
Dí, Hermíone: ¿Por qué Dios placer procura
Si vemos caer al infiel por quién vimos?

        HERMÍONE
¿Pedro ha recapacitado su premura?

        EMILIA
Si calmas tu aprehensión calmo la mía.
Sabe que hace poco, mientras en mi casa
La limpieza y la comida hacía                    640
Un pregonero anunciaba a la masa
Noticias varias en medio de la tarde.
De éste supe que se cometió un crimen
En las calles del norte con gran alarde;
Pues por la víctima varias personas gimen
Ante el porvenir que sin él perdieron.
Pero éste sólo no marchó al hades,
Pues en su auto guardias le defendieron
Y si algunos sufren enfermedades
Aún heridos, otros cedieron su vida,
En total cuatro, por vengar a su hombre.
¡Pues la muerte ronda si Venganza anida!
Mas ahora pido a Dios mi voz no te asombre
Hasta el desespero, pues callar no puedo.
(Pausa.)
Aquel hombre iba custodiado
En su auto por tres guardias, y a su ruedo
Dos motos andaban, que a cada costado
Espacio abrían vigilando autos.
Hacia las cinco tomaron la avenida
Circunvalar. El afán los tornó incautos,                    660
Pues aguardábanles a la salida
Del primer tunel hacia el sur, un sicario,
Al cual otro se le unió sumiso;
¡Ambos conocían su hábito diario!
Uno de ellos, en el momento preciso
En que frenó el auto mordiendo la vía
Para desviar rápido hacia la recta,
Un camión sobre la avenida desvía.
¡Un vidrio quebrado la quietud afecta!
¡Hay gritos de angustia y rechinar de dientes!                670
¡Ante el plomo los hombres de las motos caen
Y es herido el principal! (Pausa breve.) Dolientes,
Los guardias del auto sus armas atraen.
Se da inicio a horrenda reyerta
Donde inocentes derraman su sangre
Sobre la tierra que la acoge muerta. (Pausa.)
Un culpable, para que no se desangre
Su cuerpo herido, escapa hurtando
Un auto y en el camión deja a su secuaz.
Al huir presencia el perecer nefando                680
Del otro, quien ya herido cede, y locuaz
Pide perdón a su adversario. Mas fútil
Es su actitud: ¡Ay! Su cráneo salpica
El pavimento ante desquite inútil.
¡Ay! Hoy el día de luto se pica
Pues aquellos hombres, en carnes tan frágiles,
Por odio mutuo, odio nos legaron.
¡Tal fue su sino: para paz inhábiles
Los más murieron, los menos escaparon!
Y aquel que traicionó a su compañero                690
Es, según imágenes, hombre delgado,
De tez cortada y de mirar severo.
En suma, vi a Pedro como al señalado.

        HERMÍONE
¡Ay de mí! ¿Alguna imágen lo delata?

        EMILIA
Según testimonios, un retrato hablado.

        HERMÍONE
¡Ay! ¡Y a esa mujer su destino le ata!
Le cuidará, pues de mí se ha separado.

    EMILIA
En la fuerza, que ya en el sufrir se ofusca.

        HERMÍONE
Aclara lo que dices.

        EMILIA
                    Varios testigos
Su fuga señalan. Creo que te busca,                700
Pues rastros de sangre a sus enemigos
Ha dejado en un barrio cercano.
Según conjeturo esta es la hora
En que ha de traer su cuerpo insano,
Pues protección y encubrimiento añora.

        CORO
Si su conjetura es cierta, atiende,
¡Oh, Hermíone!, a mis pensamientos: oye
Antes de juzgarle, pues quizá enmiende
Pedro su conducta. Su cuerpo desoye
Su clamor herido y aquí regresa                    710
En busca de su techo y de sus hijos.
Vé que perdón es bien si soberbia cesa.

(Entra Pedro herido.)

CORIFEO
¡Miradle! Pedro, ¿por qué tus ojos fijos
Yacen en el suelo?

        PEDRO
                Furia me persigue.

        HERMÍONE
(Al coro.) A mí por miedo, que no por amor vuelve.

        PEDRO
¡Ah! Que mi proceder de ti me desligue
Es justo, pues en poco tiempo resuelve
La vida sus ofensas. Esta mañana
A ti vine hosco y varias veces
Contra ti mi lengua se desató insana.                720
¡Ay! Emponzoñado fui durante meses
Por una mujer casual, que con su encono
Laceró mi fe, mi hogar, mi persona
Y la tuya; ¡a tal punto mi abandono!
Mas ahora mi apariencia desentona
Pues algún demonio en mí da ejemplo
A los que ni el bien ni el mal disciernen.
¡Ah! Visiones de mis crímenes contemplo
Y ansías de venganza sobre mí se ciernen.

CORO
Triste espectáculo es ver a un hombre                730
Que agoniza presa del remordimiento;
Mas si sufre es porque Dios da lumbre
Al afligido e ilumina su tormento.

        HERMÍONE
Tus heridas no se comparan con la mía.
Vete. A donde tu amada regresa.

        PEDRO
Ciego he huído de tu compañía,
Mas mira que esta tarde soy pavesa;
Acógeme, ¡oh, Hermíone! Pues mi sangre
Se confunde con mi bilis, y sin fuerzas
Dejo que a ti mi palabra desangre.                    740

        EMILIA
¡Hija! ¡Hermíone! Olvida sus ofensas.
Perdónalo. ¡Míralo que débil vuelve!
Cristiana serás si así le auxilias.

        HERMÍONE
¿A ti también, Emilia, Pedro envuelve
Con su lengua? Mira que varias familias
Guardan luto, y es obra de sus manos;
¿A cuántos atrapó entre sus palabras?
¿A cuántos aduló mediante engaños
Y así a su fin condujo? No abras
Tu corazón a él, que de dolor presa
Suplica y formula promesas, e insiste
Como un hombre ebrio cuyo son no cesa.
¡Ah! Cuando me injurió tú no le oíste;
Mas yo que conozco su interno fuero
Lo sé hábil para herir a quien le ama
Y aunque sufre, sé que no es sincero.

        PEDRO
Errabundas ánimas urden su trama
De crueldad y venganza: roen mi alma.
Aquí estoy, desdichado de mi mismo,
Conciente de que tu ira jamás se calma                760
No perdonas. Mas sabe que un abismo
Ha abierto esta tarde la mozuela
Que hace poco de ti me alejara
Entre mi ser y ella. Con la espuela
Del desdén me ha zaherido, y cara
A mí hubiera sido su compañía
Pues males antes que bienes procura.
Como araña que a su macho lía
Y devora si el hambre le tortura,
Así ella tras acoplarse conmigo                    770
Creyó por mi causa ser del Poder presa
Y al Poder quiso darme sin abrigo
Para de sus crímenes purgarse ilesa.
Mas por azar su ardid he descubierto
Y a ti vuelvo con pena que traza.
¡Quiero vivir! Recurro a tu concierto:
«Doy perdón, soy tu mujer, esta tu casa».

        HERMÍONE
¡Ay! Asesino de mí, ladrón de vida
Que inclemente has sido y clemencia
Pides. Tu ofensa sería mi medida,                    780
Mas tanto te amo que a tu presencia
Me usas de acuerdo a tus antojos.
Cobijo te daría, mas en mis hijos
Pienso y antes que verte de hinojos,
Dócil, con tus ojos en los míos fijos
Quisiera muerto, lejos de mí, saberte.
Pues acentuas mi dolor y presiento
Que la furia de tus crímenes se vierte
Contra mi progenie, mi único aliento,
Y preveo venganzas que contra ella treguan            790
Hijos de los muertos, muertos por tus manos.
Somos gaitanos, furias que no menguan
Predicamos paz, perdón esquivamos
Preservamos odios milenarios
¡Ay! A Cristo desangramos a muerte
¿Porqué regresas a mí cuando los diarios
Te llaman criminal? Tiempo sin verte
Te he sufrido, me increpas y vuelves
Y dice que tu moza es la culpable;
Más ya en culpa te anegas. Si resuelves                800
Volver, en este andén, indeseable
Has de fenecer en lamentos atroces;
Pues aunque te quiera, he de abstenerme
De todo socorro. (Pausa.) ¡Mas foraneas voces
Resuenan en mí! Soy tu esposa inerme
Que sabe debe odiarte, mas fracaso
En nuevos odios. ¡Furias aciagas
Regresan contra mí!

            EMILIA
                    ¡Hermíone! Escaso
Tiempo te queda para sanar las llagas.
Dejas ese rostro convulso y aquieta                810
Mi ánimo y el de estas mujeres.

            HERMÍONE
Pedro vuelve cuando la noche inquieta
Negra, del crepúsculo sus estertores.
Sola, esperándolo, he marchitado
Ante el espejo; ya no cabe la dicha
En esta casa. Viva he terminado

(Falso mutis por el foro. Se detiene y mira angustiada a Pedro.)

Pero, ¿a dónde huir si la desdicha,
Pedro, también en tu destino habita?
A ti, que soñabas una rápida muerte
Solitaria y Feliz, la tarde agita.                    820

        PEDRO
Hermíone, mi cuerpo dejo a tu suerte,
Si he de morir ahora que así sea
Mas dame posada, que no es honroso
Agonizar y que esta gente vea.

        CORIFEO
Atiéndele, Hermíone, que a tu esposo
Abandonar a las puertas de tu hogar
Así, no va acorde a tu talante.
Y si le prenden, tu culpa has de negar
Ante el Gobierno. Te absolverán y avante
Salvarás calumnias.

            HERMÍONE
(Ensimismada, habiendo tomado ya una decisión.)
                        No tiembla
Por el Gobierno mi ánimo; tiembla por él
Por mí y por mi casa. (Pausa.)

            CORO
                        Se destempla
En cada pausa, como una nota cruel,
El silencio, sustancia de la noche
Y entona son de odios y desaires.
Hermíone, ¿sabes que si algún reproche
En contra tuya ha de surcar los aires
Será por tu indolencia contra éste,
Tu marido? Su cuerpo acoge y cuida
Antes que a la convulsión se preste.                840

            HERMÍONE
                    Su huída
Triunfa en secretos a mí envueltos.
El sabía que yo no le dejaría
Y esclava, con mis ánimos disueltos,
Doblego mi rencor a su tiranía.
¡Ay! ¡Ay! El día que le vi maldigo,
Ojalá negros presagios lo cubriesen
Lunas de sangre, hordas de mendigos. (Pausa.)
Si mis párpados al verle resistiesen
Su ternura, ¿no me compadecería
Aún así de verle en tal estado?                    850
Colijo lo que de él sin mí sería
Y cede mi resistencia. ¡Desdichado!
Contra mi voluntad, Pedro, entra,
Te vendaré y te cuidaré yo misma.

(Emilia sale con Pedro.)

Así la piedad en mí pronto se adentra,
Me domina y caigo en su marisma
(Al coro.) Mujeres, orad al Padre por nosotros;
Que Pedro y yo, por crímenes signados
Hemos de purgar el dolor que a otros
Insanos, causamos. (Pausa.) Y obligados,                860
Mis hijos a la ausencia del padre
¡Ay! ¿Qué será de ellos? Huyendo
Por los campos, como antaño su madre.
¿Apóstatas de mí, sufrientes viviendo?

        CORO
A Dios, Hermíone, por ti y por los tuyos
Oraremos; mas tus nervios apacigua;
Mira que a tu familia la Paz, cuyos
Cimientos estremeces, puebla contigua
La Angustia, ¡Y sentirla cerca duele!

        HERMÍONE
La paz es una lejana esperanza                       870
A la que mi ánimo aferrarse suele.
Vos creeís, ¡orad mujeres! Tardanza
Hay en mis cuidados. ¡Al padre rogad
Por mis excesos! Penitencias niego
Profeso la muerte atea y la impiedad
Si yerro que Dios decida vuestro pliego;
Si fasto es, bien sea, mas si nefasto
Apiadaos de mí, pues a donde
Huya, con mi culpa sosiego devasto. (Sale.)

        CORO
ESTROFA 1
¡Dios nuestro! Que el delirio no ahonde                880
Sus raices en Hermíone, pues su hierba
Es ponzoña que enciende los abismos
Que ¡ay, condenados!, nuestro ser conserva;
A estos pueblan deidades, que sismos
Continuos, causados por iras convulsas
Deformaron en sus rasgos, trocándoles
De ángeles en criaturas nauseabundas:
¡Son demonios, que a los hombres, cercándoles
Tientan en aras de ver su caída!

ANTIESTROFA 1
Acentuan en la confusión errores                    890
Y brotan, alterando a su salida
Nuestro pulso, hasta que los temores
Se disipan. ¡Entonces hembras ya no somos,
Sino furiosos demonios encarnados!
Nuestra tez se contrae y sin asomos
De piedad, contra el prójimo, enconados,
Vengamos afrentas que el albur de
Los días trama. ¡Los cuerpos habitamos;
Empero, hasta que calma se nos dé
Esclavos somos de porfiados amos!                900

ESTROFA 2
¡Dios, de la ira y del furor insano
Aléjanos! Sálvanos del furor cruento
Que brota casual de nuestra propia mano.
¡Apártanos, Señor nuestro, del encuentro
Con aquel a quien nuestra presencia ofenda!
De todo aquel a quien herir podamos
Retira, ¡Oh, Dios Padre!, nuestra senda.
Del malentendido, te lo suplicamos,
Líbranos Señor; somos seres frágiles
Y a cada sol un nuevo mal acecha.                    910

ANTIESTROFA 2
Soberbios por naturaleza, ágiles
En ensanchar con egoísmo la brecha
Que nos distancia del otro, nos jactamos
De procurar lo mejor al cuerpo nuestro
Sin sopesar el odio que inspiramos

MUJER 1 DEL CORO
«Pues la vida es combate, y es diestro
Sólo quien prevalece indolente
Causando a sus congéneres estrago»

        MUJER 2 DEL CORO
Esta cómoda falasía demente
Fáciles enfermos gana.

            CORO
ESTROFA 3
                    Como galgo            920
Educado para cazar que contra el predio
Y los designios de sus amos ladra
Para alertar a sus presas de su asedio
Y de la sed de sangre de su escuadra
Así los cristianos alertan constantes
A las víctimas de credos pasajeros.
Desacatan comandos militantes
Soportan vejaciones, desafueros
Por cumplir el nuevo mandamiento
Que sólo odia al ego que lastima.                    930
No olvidan que en el otro está el aliento                 
Que procrea. En él cabe la estima.

ANTIESTROFA 3
¡Concílianos, Señor con nuestros hermanos!
¡Concílianos con el mundo, de frecuentes
Cambios presa! Ignoramos los arcanos
Que a cada cual aguarda, y sin parar mientes
En esta carencia, piezas del basamento
De la impiedad somos. Desconocemos
Tus designios, mas a Hermíone aliento
Da, ¡Dios nuestro! Desaires prevemos.                940

        CORIFEO
EPODO
Medito si el sufrir purga el color                 
Purpureo de la sangre, o si acaso
Se cimienta el mundo en su dolor.
Alabado sea del gólgota su ocaso
Sacrificado redimiste a tu enemigo.
¡Toma a mis hijos, por olvido ateridos¡
Abrigalos en su resurrección contigo.
Eres la paz en que acaban los engaños .
El consuelo de todo el sufrimiento.

        CORO
                        ¡Emilia!
¿Por qué guardas un semblante descompuesto?            950
¿Es la ley la que a esta familia                    
Amenaza? ¡Dinos! ¿O Pedro, repuesto
De sus héridas, nuevamente veja
A su esposa, Hermíone?

        EMILIA
                    ¿Qué es el hombre?
Alguien que naufraga, historia añeja,
Bajo las olas de ese mar sin nombre,
Impredecible, en que navega.

        CORIFEO
                        ¿Cómo?
¿A esa familia que zozobra puebla?

        EMILIA
¡Ay, mujeres!, sin de cordura asomo,
Pedro, ya quieto, su mente febril niebla                960
Y a Hermíone, quien le ha vendado                    
Tierna, sin recriminarle por su falta,
Confunde con esa otra mujer. Dado
A su delirio, «Rosa» dice en voz alta.
«Rosa», «Rosa», no dice otra palabra,
Y dulce la pronuncia. Se evidencia
Su desapego conyugal. El, sin traba,
Descalabra sus nervios. Con paciencia
Hermíone oculta sus celos, y fría,
Va hasta la cocina. Pedro, consciente                 970
De su equívoco, ya sobrio, desvía                    
La atención, y a sus hijos presiente
El los mima y olvida su imprudencia.
Oigo los pasos de Hermíone y salgo
Presintiendo acordes de inclemencia

        CORO
Ahora, desde aquí, entrever algo
Puedes de lo que acontece en casa,
Pues un candil permanece encendido

        EMILIA
En breve todos dormirán. (Sale.)

        CORO
                    Así tasa
Hermíone su albedrío; ungido                        980
Por el crimen, Pedro rogó moribundo.
Acogido fue, mas mal paga su deuda.

(Entra Juan, un joven peregrino.)

        JUAN
Mujeres, no os preocupeis, soy del mundo            
Y por poblados plugo. ¡Ah! Me adeuda
Mi origen la vida.

        CORIFEO
                Aquí no caben,
Mancebo, los avatares de tu vida.
No dejes que nuestras cuitas menoscaben
Tu gallardo porte. En temor bruñida
Esta plaza, carente de anécdotas
Para contar, aguarda sólo olvido.                    990
¡Vete! Y habita pueblos apóstatas
De la tristeza.

        JUAN
Si he compadecido
Entre vosotras  con opuesto talante                
Al mío, no es porque sea indolente,
Es porque no quise heriros. (Al corifeo.) Errante
Es tu andar. También yo erro ausente
Buscando a la autora de mis días
Quien antaño a otra madre me entregó:
Lucrecia, que me crío junto a mis tías.
Mas hará un mes ella murió. (Pausa.) Me legó,            1000
Entre varios escritos, uno conciso
En que los motivos que la impulsaron
A adoptarme escribe. Impreciso                    
Es, empero, otro relato. Me tomaron,
Dice, de una mujer en miseria
Sumida; que antes de verme padecer
Hambre, y sentir que Frío me atería,
Optó por entregarme. Mi parecer
Es que mi madre consanguinea no obró
Sino procurando cuidados a su hijo.                1010
¡Ah! Me duele pensar cuanto dolor cobró
La culpa en aquella. También colijo
Su destino aciago. (Pausa.) Desde entonces            
Sigo huellas que a ella me conduzcan.
Por eso estoy aquí; uso los dones
Que he heredado, mas quiero que luzcan
Sobre mi doliente madre, pues merece
Comprensión de mí. A la iglesia recurro;
Decidme, si en algo os estremece
Mi relato, ¿Habeís algún susurro                    1020
Oído, por estos lares, que incluya
El nombre de mi madre, Hermíone?

        CORO
                            ¡Ay, Dios!
¡Que de su hijo Hermíone no rehuya!                    
Entérate que tu madre quizás adios
Te dé, antes que una cálida acogida.

        JUAN
¿La conoceís? Entonces, ¿dónde habita?

CORIFEO
Cerca. (Pausa.)

        JUAN
        ¿Dónde? Tiempo para mí perdida
Madre ha sido.

        CORIFEO
            Confesión nos concita
A guardar silencio. Mas, ¡vete! ¿Qué vemos?            

        CORO
¡Ah!

        VOZ DE NIÑO 1
    ¡Ay!

        VOZ DE NIÑO 2
        ¡Ay!

        VOZ DE PEDRO
            ¡Hermíone!

        VOZ DE HERMÍONE
                    ¡Mis hijos!

(Emilia entra rauda.)

        EMILIA
                            ¿Qué pasa?        1030

        VOZ DE NIÑO 3
¡Mami!

        CORO
        ¡Ay, Hermíone! ¡Ay!

        HERMÍONE
                        ¡Ay!

        EMILIA
                            ¿Qué oímos?

        PEDRO
¡Ah!

        JUAN
    ¡Los gritos provienen de esa casa!

(Juan y Emilia salen. El coro estremece sus cabellos.)

        CORO
ESTROFA
A esta oscura noche pueblan gritos                
De dolor, que en nosotras abren miedo.
Pesadillas atroces de viejos ritos
Fúnebres regresan. Marchan a su ruedo
La destrucción y su impiedad. Tememos
Por tus hijos, por ti y por tu cónyuge,
¡Hermíone! Sosiego para ti no vemos;
Pues la desgracia, enhiesta, toma auge                1040
En ti.

ANTIESTROFA
            Ella se ha, aquí, esta tarde,
Encarnado. ¡Ay! ¡Qué impotentes somos!
Limitada es nuestra condición. Arde                
Nuestro corazón por ti; empero, romos
Somos al obrar, pues solo incumbe
A cada cual el emprender sus obras.
    
EPODO
Como Job nos refugiamos a la lumbre
De quien otorga premios y zozobras
Aciago es quien se aleja de ti, ¡Oh, Padre!
Ingenuo caerá mañana, ¡Líbranos                1050
De padecer como Hermíone, Madre                 
Sin creencia! ¡Desgracia, de sus manos,
Líbranos, Señor! En tu sangre úngenos
Cada día más te acongojamos
Flaquezas endiosamos ¡Perdónanos!    
Los vicios al negarte promulgamos            

(Entra Emilia con semblante descompuesto.)

Sus pómulos tiemblan. ¡Mirad! ¡Emilia!

        EMILIA
¡Ay! ¡Qué mis ojos no lo hubiesen visto!
¡El horror destroza a esta familia!
¡Mujeres! Al entrar vi a Evaristo,                    1060
El crío más pequeño, sobre el suelo,
De bruces, blanca espuma destilaba
De su boca. Otros dos críos de duelo                
Teñían el paraje; los abrasaba
Hermíone, su madre, también agonizante.
De Pedro su cuerpo, que convalecía
En cama, su último estertor ante                    
Nosotros vimos. “Mis hijos”, repetía
En hondo desespero Hermíone, mientras
El pulso de sus venas se escapaba.                    1070
Platos con vestigios de sopa de hierbas
Vimos por doquier. Hermíone forzaba
Su cuerpo apurando aquella pócima
Emponzoñada con veneno. ¡Al vernos
La cuitada nos lo confesó! Lástima
Daba oir sus gemidos. ¡Ay! Avernos
Pueblan este mundo, pues aquel hijo                
Que ha poco aquí arribara, honda
Pena azuzó en Hermíone. Colijo
Que ahora ambos hablan. Se ahonda                1080
El cruel mundo al presentarlo a ella,
Ahora, en los albores de su muerte.
(Entra Juan. Conduce a Hermíone.)

        CORO
¡Ay! ¿Aún sufres, desdichada? Se sella
Ante nosotras tu inefable suerte.
¿Cómo llorar quienes sobrevivimos
Estos, tus actos perpetrados? Sólo Dios
Juzgar puede de una madre sus motivos.            

        HERMÍONE
¡Qué el veneno actue en mí!

        EMILIA
                        ¡Adios
No nos digas, Hermíone!

        HERMÍONE
Por mí pronto
Oye mi confesión. Antes hacedora                1090
De mis vástagos, del desespero cruento
Presa, hoy a sus muertes soy dadora.
(Muere.)

        JUAN
¡Ah, madre! ¡Ah, madre!

        CORO
                    Hermíone ha muerto.
Ahora que en plácida paz descansa,
¡Procúrale, Señor, la dicha! Del huerto
De sus días sus pecados amansa
En coro bien a ella encomendamos.
¿Qué sentido, Dios, su sufrimiento tuvo?                
Por ella, débiles, su pena cantamos.
¡Nadie contra su progenie la detuvo!                1100
¡Ay, años buscando cariño fracasó!                
Habiéndose encarnado la angustia
En ella, con miedo al mañana, mustia
En paz eterna a los suyos abrasó.                    

TELON
























Hugo Santander Ferreira 2011 © All rights reserved