|
ANTISTROFA
I
Hace
tiempo nuestros padres sin cordura
10
Contendieron
y los campos profanaron.
EI
Jilguero acalló su canto y dura
Lluvia
se negó; los frutos marchitaron.
¿Quién
controlará la cólera que embriaga,
Derrama
sangre y seres enajena?
¿Quién
sanará la impotencia, cruenta llaga
De
mujeres frágiles del Magdalena?
ESTROFA
2
Nuestros
hombres desoyeron nuestro ruego;
Su
sangre irrigó fruta desabrida.
Somos
madres que padecen dolor ciego.
20
¡Muerte
aquí procura paz y anida!
Los
valientes se consumen en pecado,
Sus
hijos infaustos sucesos prometen;
Los
ha marcado de la Soberbia el hado
Y
asesinatos, posesos, acometen.
ANTISTROFA
2
Las
lágrimas de estas mujeres mustias
Inútiles
son en pechos inclementes;
No hay
sentido em confesar angustias
A
un alma pétrea, a testas indolentes.
Sólo
quien reconoce en sí flaquezas
30
Compadecer
puede y habla con acierto.
Que
en la vida los goces son pavesas
y
plenitud aflora en campo yerto.
(Entra
Hermíone, mujer de mediana edad. Viste de negro.)
CORO
¿Qué
infausto suceso augura el hado?
¿Qué
acongoja en esa mujer su virtud,
Su
lívido rostro antaño codiciado
Ya
en los albores de la senectud?
Sus
manos han arañado sus pómulos,
Fúnebre
es su vestimenta desprolija.
HERMÍONE
Mi
nombre no lo acuñes, en cúmulos 40
De
odio Hermíone fui llamada. Hija
Del
hades traduce mi nombre.
CORIFEO
Traídas
¡Oh! Hermíone,
por tus solitarios ayes
Venimos
a ti, también alicaídas,
Habla,
silente no alivias tus males;
Nosotras,
antes hijas del Magdalena,
De
la Voluntad Eterna hace años
Fuimos
prueba.
HERMÍONE
¡Angustia
me enajena!
CORIFEO
En
la confesión podrás curar tus daños.
Hay
un mañana, ¡vive!, hay esperanza. 50
Incólumes
hemos de afrontar reveses;
Sé
que en la vida hay más lucha que danza
Y
que la dicha sólo se da con creces
A
quien sabe que hay en la balanza
De
sus días gozo y mal con equidad,
O
a quien goza con cautela la bonanza
Sin
apego por el oro o la maldad.
HERMÍONE
Mi
alma seca está.
CORO
Como
clara luna
Insufrible
en su andanza, que sube
A
cumplir su cometido, así una, 60
Aún
opacada por oscura nube
Ha
de aguardar enhiesta cada desventura,
Que
paz sólo a la muerte nos es dada.
HERMÍONE
Niña,
dicen, tuve una gloria futura
Mas
mi presencia a los hombres desagrada
Mi
memoria de lágrimas se sacia.
CORIFEO
¿Orando
no curarás tu desconsuelo?
HERMÍONE
A
Dios trémula por un hijo pido gracia.
CORIFEO
¿Por
él truecas tu molicie en anhelo?
HERMÍONE
De
todas él es mi pena más antigua. 70
¡Mi
hijo mayor! Lejano tal vez yace;
Otros
tres habitan la pieza contigua,
Son
de otro padre, que mi odio abrase.
CORO
No
comparte dolor quien sufrir no cree.
Pero
a nosotras que hemos sepultado
A
nuestra prole, tu confesión provee.
¿Lloras
a un primogénito enterrado?
HERMÍONE
En
mi culpa callo.
CORO
Para feligresas
Hay
perdón si enmiendas antiguos errores.
HERMÍONE
Un
nuevo mal abre culpas inconfesas; 80
En
mi corazón cristiano hay temores.
Más
mi dolor deja su pudor y hablo. (Pausa.)
Todavía
mozuela procreé a un hijo.
Virgen
fui, y Cupido con venablo
Zahirió
mi cordura y me maldijo.
Compañera
de un hombre aventurero
Anduve
con mi crío. Sola al cabo
Me
vi con fruto de hombre pasajero
Y
víctima de nefasto furor bravo
Lo
vendí a una mujer acaudalada 90
Probada
por Dios a estéril vientre.
¿Dónde
mi hijo? Ay, desventurada
Oro
a Dios a su a su corazón jamás yo entre.
CORO
Nunca
la miseria habite en casa,
La
pobreza, incluso es soportable
Si
con honra, pudor o virtud se traza
Mas
Dios nos guarde de mal inefable:
Padecer
hambre y sufrir falta de techo.
Son
escasos quienes en nosotras buscan
Abrigo
materno y, ¡ay!, goce estrecho 100
Procura
la falta de pan.
CORIFEO
No
produzcan
nuestros
miedos en ti, Hermíone, pavura.
Has
pecado, mas en su misericordia
Dios
otros hijos lozanos os procura;
El
en familias acaba la discordia,
No
abandona al fiel a las trampas del azar.
HERMÍONE
¿Qué
madre no lamenta a un hijo ido?
Como
ave que grazna sola sobre el mar
Buscando
al polluelo que sabe perdido,
Así
me quejo a solas por mi crío. 110
Pero
otro lamento, aún sin nombre
Me
conmina a abjurar del amor pío
Que
siento bulle en mí por aquel hombre
Simiente
de la progenie que conservo.
(Entra
Pedro. Observa desafiante al coro y enfrenta a Hermíone. Esta va
a
abrazarle. El la evita.)
¡Miradlo!
!Vuelve después de larga ausencia!
Cálido
temblor me envuelve. ¡Me enervo
En
olas de repudio a su presencia
Mientras
la dicha de verlo con vida
Me
enternece!
CORO
¿Cuál
es tu nombre forastero?
PEDRO
De
este mundo es mi estirpe aguerrida, 120
Pedro
soy, mas no me llaméis extranjero.
Tengo
hijos y mujer en el poblado.
Bacatá
acoge al ser que con antojos
Gana.
Ciudad común es al Dorado.
HERMÍONE
Con
desdén a este sitio ven tus ojos
Y
las ropas que antaño te cubrieran
Ajustadas
al oficio y a sus gajes,
Austeras,
que mis propias manos tejieran
Cambiado
has por presuntuosos trajes. (Pausa.)
Habla,
¿no es acaso largo tu interludio? 130
PEDRO
(A
Hermíone.)
A
acabar esta cuestión estoy de vuelta.
HERMÍONE
(Tomando
sus manos.)
¿A
acabar? ¿Merezco yo de ti repudio?
PEDRO
Vengo
a recoger mis vástagos. ¡Suelta!
HERMÍONE
(Reculando.)
¿A
qué viene tanto desprecio? ¿Acaso
No
ves en mí a la madre de tu prole?
¿O
es verdad que te pierdo en un abrazo?
Murmuraciones
que el castigo asole
Circundan
mi tálamo desde tu marcha;
Hablan
de otra hembra joven y enjundiosa
Que
como tibio viento tras la escarcha 140
Congela
la pasión que antaño
Tuya
fuera. ¡Pronto mi pasión se niega!
PEDRO
¡Calla!
Renuncié a un porvenir sano
Por
tí; tú me arrancaste de la siega.
HERMÍONE
¡Ah!
Sólo vendé heridas con mi mano,
A
falta de amor de si vivir dudabas
Y
a poco acabas en edad temprana.
Vencido
a la pereza te entregabas,
Sin
lucha, cobarde ante el mañana.
¡Oh!
¿Es mi edad la causante de tu insidia? 150
¿O
son las burlas que algún demonio traza
Las
que cambian tu ternura por desidia?
Doy
perdón. Soy tu mujer, ésta tu casa.
CORO
Dignas
son de compasión en un amante
Sus
frases cuando desbordan desengaño.
(A
Pedro.) Abandona la soberbia en tu talante.
Olvida.
Aún puedes enmendar tu daño.
PEDRO
Fácil
fue perder en ella mi conciencia
Cierto
es que te hallé en tiempos borrascosos,
Mas
sabes que en mí no hallaste reticencia; 160
Fuimos,
sí, seres laxos en días penosos;
Mas
yo también te ame mientras amada;
Ahora
que es menester marchar, recuerda.
HERMÍONE
¡Ah!,
ya oía que la dicha está vedada
A
los mortales mucho tiempo. Concuerda
Este
son con mis llagas, ahora abiertas.
Antes
bienhechor, hoy hosco me replicas.
PEDRO
Déjame
avanzar. Hablamos frases tercas.
(Avanza.
Hermíone lo detiene.)
HERMÍONE
Antes
oye. Luego haré lo que me indicas.
Yo
insuflé en tu alma aliento vivo, 170
Desperté
vigor y acordes a la usanza
Abandonamos
los gajes del cultivo
Cifrando
en esta metrópoli esperanza.
Como
ave relacionada con un grupo
Que
emigró hacia el mar en raudo vuelo
Y
por cansancio al ave mayor cupo
Desterrar,
y anda sobre el amplio cielo
Undívaga,
para ser -fue su destino-
De
algún águila rapaz futura presa,
Así
tu llegaste hasta mí sin camino 180
Solo
y abatido con el alma lesa.
PEDRO
(Con
ternura.)
Curamos
nuestras faltas, todo terminó.
HERMÍONE
¡Oh,
Pedro! Tu corazón late, ¡regresa!
PEDRO
En
tu vientre fértil mi fruto germinó
Y
tu tez, bronceada a la intemperie
Recobró
su enjundia en mi pujanza.
Subordinación
que nutrió nueva progenie
¿A
qué tanta aflicción? La tarde avanza.
HERMÍONE
¿Temes
a la noche que mi cuita anuncia?
¿Temes
a mi voz que a la tuya enturbia? 190
PEDRO
(Aparte.)
Su mirar me enerva.
(A
Hermíone.) Replicas con argucia
Apelas
a mi edad más turbia.
HERMÍONE
¿Crees
que otra hembra te dará arrojo
En
otro trance difícil? No. Pierdes conciencia.
Goces
etéreos te rigen a su antojo.
A
tus faltas siempre guardaré paciencia.
PEDRO
Vine
por mis hijos.
HERMÍONE
¿Sabes
donde estaba
Mientras
te embriagabas en breves placeres?
PEDRO
¡Calla!
También lastimar puedo.
HERMÍONE
Acaba.
¿No
has herido ya a quien te ama? 200
PEDRO
Mujeres,
He
escuchado a Hermíone condescendiente.
Habréis
notado que es mujer elocuente:
En
edad crédula, siendo adolescente
Me
atrajo con frases de madre clemente,
Me
sedujo como ahora a mis hijos seduce
Para
alcanzar obediencia. El comienzo
Fue
aquel; vieja artimaña que transluce
Bajo
ceño maduro. Como pintor al lienzo
Tiñe
en colores con destreza
Hasta
tornarlo en obra variopinta, 210
Así
ella tiñó mi cuerpo con vergüenza
En
acople insistente que la tornó encinta.
Es
hora, pues, de acabar su demasía.
Dicha
en otra mujer más juvenil he hallado
Dispuesta
a criar mi estirpe sin manía,
Trocando
en caricias su oscuro legado;
Pues
sé que su odio brotó en predios cercanos
Y
la ignominia su pasado aflige
(A
Hermíone)
¡Cede!
Me obligas a revelar arcanos!
HERMÍONE
Ahora
las pruebas que Dios me inflige 220
en
boca de otra son delitos, no decretos
Obtuve
perdón. ¿Somos lo que fuimos?
¿Qué
fraguas?
CORO
Triste
quien no guarda sus secretos
A
un amante, triste quien dada a los mimos
Y
dulzura olvida que la dicha pasa.
Triste
quien habituada al abandono
Se
atreve a ser feliz y su cuerpo enlaza
Para
por breve reino ver caer su trono
Sufriendo
con mayor rigor antigua pena.
HERMÍONE
Le
pregunto, pero observa con desdén 230
Mi
cuerpo, para él vetusto, y me apena
Oírle
confesar sucesos que en nuestro edén
compartimos
en compenetrantes goces.
PEDRO
Quiero
ver a mis hijos.
HERMÍONE
Avanza.
Adentro están.
Pero
no permitiré siquiera que los toques.
PEDRO
Tu
enardecimiento me impulsa a ser truhán;
No
esperes, madre desnaturalizada
Conmiseración
alguna de mi parte.
(Al
coro.) ¿Apoyáis, gente a nuestro sino enlazada,
El
desdén que contra mí esta mujer imparte? 240
¿Cuyos
gestos repudian desamor?
Virgen,
lejos de mí, su hermosura se apañó
En
brazos de pícaros a quienes dio calor.
A
otros aventureros sin cepa acompañó
Cediendo
pródiga a placeres dañados.
Al
vaivén del mundo esquivó la unión nupcial
Y
vendió su primogénito a padres hastiados.
Repudiada
me tomó en momento crucial.
Yo
la acogí como prófugo el destierro acoge
En
tierra de seres indolentes 250
Antes
que mortificarse en tedio encierro.
¿Debo
acatar entonces, mujeres dolientes,
El
mandato sacro de perpetuar su unión?
¿O,
como ella, gozar también el amor puedo
En
otros cuerpos quejumbrosos? Hoy mi pasión
Es
unirme a otra en ley fuera del credo
Dando
a mis hijos una madre estable,
Pues
a Hermíone cubre un pasado de ignominia
Y
darlos a su crianza no es confiable.
CORO
Rebasa
justa apreciación la calumnia. 260
Tus
palabras son soeces. Tiempo perdida
Hermíone
abandonó ese vil sendero
Para
de la Providencia, arrepentida,
Recibir
al final preces. ¡Ah! Zahiero
La
imagen de belleza en tu inocencia.
Ella
sufrió, tu sólo has sido dicha.
Ella
presa, tu esclavo de concupiscencia.
Desprecias
sosiego, desatas desdicha;
Quieres
batallas, mas conquistas dejas.
HERMÍONE
Ya
no puedo tejer las mismas esperanzas 270
Que
animaron tu cariño. Hoy me vejas.
Mi
amor es mi traidor. (A Pedro.) ¿Revives mis andanzas?
¡Que
sufrí varios años sola, agrega!
¡Que
preparada estaba a una vejez sin prole!
Y
ahora, ¿debo retomar la diaria brega
Soportando
que la soledad me asole?
¡Resignarse
a ver escapar la dicha pesa!
Mis
historia está poblada de incongruencia,
De
pulsación materna que acabó en pavesa.
CORO
Dolor
abre heridas sin reticencia 280
Un
gallardo mancebo procura hermosura;
Su
entorno indiferente lo conmina
A
hallar refugio en compañía madura,
Mas
el tiempo tienta con ensoñación mohína.
Mas
valiera a HERMÍONE no haber conocido
A
un hombre que desconocía la vida.
PEDRO
El sol
declina. Acalla
tu llanto fingido
Y
cede.
(Avanza.
Hermíone se lo impide.)
HERMÍONE
No.
Lucharé. Qué Dios decida.
PEDRO
Sabes
que emplear la fuerza no me apena.
(Enfrenta
a Hermíone, quien cae. El coro da un paso amenazante.)
CORO
No
intentes cometer una injusticia 290
Ante
nosotras, mujeres del Magdalena.
Juntas,
aunamos fuerza con pericia.
PEDRO
Sólo
contra mí guardáis juicios contrarios,
Mas
sabed que de ella su estirpe es violenta;
Creció
hija y hermana de sicarios
Que
sangre vertieron al caudal del Pienta
Infundieron
terror en pueblos aledaños;
Apuñalaron
al débil para hurtar sus tierras.
Así
lugartenientes fueron varios años. 300
Evaristo,
su hermano mayor, en sierras
Cardas
violaba a rameras. Así se afirmaba
Como
señor del campo y toda bestia,
Y
el pueblo, arredrado, lo ignoraba
Sólo
el cura negábale su ostia.
(Pausa.)
Así maculó, de ésta su hermano
En
orgía sensual los lechos del río
Hasta
que, encendido su deseo insano
Vio
a Alicia, Maestra de rostro pío.
Ya
despreciaba a la hembra iletrada
Ya
sólo ansiaba a la virgen piadosa, 310
Y,
ebrio, forzó su casa a la alborada.
Ella
se negó, él, con ansia furiosa
Disparó
y truncó sin de piedad asomo
Sus
tiernos años. De Alicia, al poniente
Hallaron
su cuerpo, y un casco de plomo
Que
en sangre hollaba su nívea frente.
El
pueblo, colmado, enristró su lanza
Contra
el asesino por su impiedad.
Anónimas
huestes encarnaron la venganza
Y
Hermíone perdió en una tarde su heredad. 320
Sola
tomó a dos hermanos y a su padre
Con
Evaristo los sepultó y vivió
Pues
hondo luto consumió a su madre
(Sin
hijos, un cáncer la carcomió.)
Pero
sólo hasta verter la sangre yerma
No
de su familia, sino del cobarde
El
pueblo no amainó su reyerta.
Ella
y Evaristo huyeron al caer la tarde:
Salvando
abismos de paso tronchado
Hasta
que asediados por la gleba, 330
|