Hugo Santander Ferreira

  
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Himnos a la Muerte


A Janeth Cristina Santander Ferreira

(Febrero 1 de 1977 – Marzo 12 de 1979)

Himnos a la Muerte, de
                                          Hugo Noel Santander Ferreira

Juntos tejimos las alcobas, la vereda, el barrio
Por dos años que se fueron para estar por siempre...



En estos textos, hay un dejo de nostalgia, un acercamiento a la sorpresa y una resignificación de cada instante, que le permiten al autor despedirse sin dolores del pasado...



“Himnos a la Muerte” es un libro que contiene destiladas las experiencias y reflexiones de una sensibilidad a flor de piel, expresadas en una lengua sencilla y emotiva, que muestran la madurez de un poeta que une la sensualidad extrema con una espiritualidad original.


Más que “Himnos a la Muerte”, este poemario debería titularse “Himnos al Amor”.





Francis Mestries
Ciudad de México, Septiembre de 2015

Primero aprende a amar a quienes viven

Después podrás divagar sobre los muertos

 

W. Wordsworth

Consideramos a la muerte como una maldición inmerecida

Pero no hemos de saber, ingenuos, lo que nos entrega

Hasta cuando la hayamos sufrido por un día

 

E. Spenser

 
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A mis diez años mi hermana enfermó de gastroenteritis. A la mañana siguiente alguien me dijo que Janeth Cristina había muerto. El firmamento cayó, el sol palideció, el aire se descompuso...
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Reyes del Mundo

 

La edad no disminuye la intensidad del sentimiento

Lautréamont

 

Tú y yo, racimos frágiles

Que florecían en las grietas

De una ciudad siniestra

De comerciantes y danzantes

 

En tu tez lívida el afecto

Ileso como un crepúsculo sin nubes

Madera de los muros, las montañas

De la materia eterna, el sentimiento

 

Tu partida inesperada es mi partida

¿A dónde has ido?

Tus abrazos, tus respuestas, aun regresan

¿A dónde, hermanita, amiga mía?

 

¿A qué viniste, Cristina?

¿A padecer acaso el universo?

Los bosques, las ciudades ¿fueron nuestros?

Mis lágrimas aún caen en tus días 

 

Amaste, ¿naciste entonces, falleciste?

La vida pasa; el amor, en cambio, es para siempre

Como tu inocencia que renace en la alborada

Sobre los días grises y las agrias noches 

 

En cruceros de cartón surcábamos el mundo

Sobre un mar tan amplio como el mar Egeo

Aves amarillas graznaban bajo un cielo azul

De aire endulzado por frutos caídos

 

Mis brazos fueron estelas de arena,

Columnas a las que te aferrabas

Al escuchar rumores, al divisar

Ogros y gorgonas, espejismos sobre el agua

 

En tu vida inmensa está mi infancia

No en los negros días, segregado

Ni en las condenas, ni en las reyertas callejeras

Ni en las ejecuciones públicas, lejanas

 

El rostro que descubro ante el espejo me es ajeno

El mío lo perdí cierta mañana de Marzo,

En las afueras de un suburbio;

Su firmamento, sus aguas, aún lo esperan

 

Descarnado, envejecido, endurecido

Caminando sobre los trazos de Getsemaní,

Retardado por esa sangre en esa arena

Discierno dejos de tu afecto en otros rostros      

 

Otras voces te recordarán, Cristina,

Sin tu agonía jamás habría comprendido

La inmensidad inconmensurable de un amor

Ni las anchas playas de lo eterno

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Hugo Santander Ferreira 2015 © All rights reserved