Hugo Santander
Ferreira



   

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Plegarias



Gratia plena

 

Cuando instigaba a la noche

Cuando las tumbas brotaban

Cuando mi voz se escondía

Cuando un pariente moría

Cuando concurrencias me vejaban

Cuando descendíamos del podio

Cuando los más allegados huían

Cuando me perdía en un abrazo

Cuando los templos caían

Cuando escenificábamos el mundo

Cuando velábamos sus ruinas

Cuando los campos de orquídeas ardían

Cuando el norte emergía y se hundía

Cuando los trabajos cesaban

Cuando el desdeño asediaba

Cuando entre pesadillas partía

Cuando despojado clamaba

Cuando en el cabo mendigaba

Cuando cónyuge perdía la vista

Cuando sobre el mar vagaba

Cuando clamábamos otros idiomas

Cuando naciones hostiles despuntaban

Cuando la ley zahería

Cuando cubríamos la noche

Cuando sí, sollozábamos

Allí tú siempre en el silencio estabas

 

Dominus Tecum

 

En noches abatidas apelé a ti

Para que protegieses el naranjo

Que mis ancestros deshojaban

Ardió y de sus cenizas brotó un huerto

 

Te presentía en noches sinuosas

Cuando culpable de extirpar mi culpa

Atentaba reducir el orbe a la crueldad

En ti la humillación, la espera, una virtud

 

A orillas de un caudal lejano

En donde el sol doraba sus reflejos

Ante mí fulguraste sosegada;

Cada madre podía irradiar la luna

 

En tu luz el aleteo de las aves

La caricia del ciervo en tus cabellos

La tersura y la fragancia del olivo

Son destellos de un día apacible

 

En tu serenidad la creación cavila

Escogiendo a asesinos y rameras

Compartes sus abismos infligidos

Consuelas en cada vacilación su muerte

 

Sufrimientos: árboles de frutos

Aristas de un diamante depurado

Murallas que construyeron colmenas

Lágrimas de sangre en la espuma del mar

 

Tu sal y tu luz aún nos sustentan

Tu presencia amaina esos torrentes

Ni las burlas ni los recatos nos separan

 

Al abarcar las laderas del mundo

Descubro tu abrigo en la hierba más espesa

Abrigo que aún en los desiertos crece

 

La armonía de una hoja me acompaña

La nieve cayendo sobre la arboleda

El sol que calma al reflejar su rostro

 

Voluptuoso, egoista, indeciso,

Y aún así tu reminiscencia me concilia

Con la mortalidad y cada flaqueza

 

Que las lápidas abran sus candados

Desvistiéndose de jerarquías y dominios

La resurrección sucede en el lamento

 

Entre los elementos

Tu amparo, el más tangible,

Amor, amor, amor sin muros

 

Adonai

 

Sobre las dulces cañadas de los andes

Me entregaste tu sabiduría, Adonai

Al viento de los páramos ya intuía

Que el abismo en que nacía jamás sería el mío

 

Uno a uno forjamos cada sufrimiento

El maná de mis días y mis noches

Los cráteres en mi rostro lo atestiguan

Luna que soporta la furia de otros cuerpos

 

Adolescente aspiré a ser el tiempo

Mas el tiempo, Adonai, interpuso mis flaquezas

Abandonado sobre ciudades inmensas

Entregué al viento los sentimientos más sublimes

 

Soltero distraído y errabundo,

Fui Hamlet, fui Prometeo, fui Shakespeare

Los versos más hermosos insuflaron mis deseos

Y éstos las desventuras de mi lozanía

 

Ranas croaban ante destellos luminosos

Las imágenes eran perfectas, perfectos los proyectos

Más la noche y sus excesos eclipsaron mis palabras,

Uno a uno vieron mis esfuerzos derrumbarse,

 

En las costas de Hércules aspiré a lo inmóvil

Contra la lascivia ponzoñosa de tres tifones

Titanes que usurparon mis esfuerzos y escaparon

El mar aún los preserva partir de mis recuerdos

 

Comprendiéndote fueron tantas las alegrías

Sobre las calles de Manchester y Barcelona

Alegría breve, como la vida de aquel desconocido,

Hacedor de mis delirios, aún perdido

 

Si integro fui, fui fiel a mis doctrinas

Contrarias a los sofistas de la India, de Francia e Inglaterra,

Más prestos a ensalzar el estupro

Como manifestaciones de culturas obsoletas

 

Comparado con Mister Smith en Washington

Arrojado al año más incierto y peligroso,

Sólo tú, Adonai, me salvaste del puñal

En ti todo lo he arriesgado y todo lo he obtenido

 

Orando recobró cada esfuerzo,

Y si he muerto en cada amanecer regreso

Sin perder aquellas, mis ilusiones más truncadas

Lejos de mí, ¿quién mas las cuidaría?

 

Londres, julio 4 de 200



En tu Mar


Sé que antes de vivir ya elegía mi destino

Circumnavegando imperios y gorgonas


Qué poco consciente era del peso de los años


Cuando la enfermedad asoma en quien amamos




Inútilmente confiaba en una muerte pasajera


Como tantos antepasados que cayeron


Al vaivén de batallas, elecciones y pasiones


Sobre los paraísos de Colombia




Ya niño me conducías a través de mis lecturas

Por las calles de Montmartre y Covent Garden


Sobre las arenas de Alejandría, Cartago y Babilonia


Hasta dejarme a la rivera del Avon en Stratford




Grande ha sido mi fé, grande mi caída


Cuando presuntuoso abusé de tus prebendas


Cabizbajo añoro una gota de tu sangre


Tan inmensa en misericordia como el mar





Pues tú fallecías a tus treinta y tres años


Denunciando y perdonando errores y desmanes


Yo, en cambio, más prudente o agobiado


Preservo mis días como un árbol que decrece



Londres, Mayo 28 de 2005




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