Amor
Amor,
padre del mundo
Los
sueños, cuerpos etéreos,
En
lontananza te contienen
Gráciles
oscilamos en tus manos
Como
un rayo de sol entre las nubes
Todo
de ti emana, todo a ti regresa:
El
odio, corazón enfermo,
Y
la melancolía, ausencia tuya
Vida
Al Lector
Y
nuestro viaje, entonces, continúa
Nuestras
provisiones ya se agotan
Noches
de insomnio nos enferman
¿Es
la escarcha la gangrena entre mis manos?
Y
sin embargo alguna vez creíste en mí
En
la isla que te prometía: a ti y a nuestros hijos
Ahora,
ante este mar furioso
Sólo
las rocas consideran mis palabras
Juntos salvamos cumbres empinadas;
(desde
allí el mundo era asaz pequeño).
Juntos
prevalecimos sobre conflagraciones,
Pantanos
insalubres y naufragios
Te
embarcas, entonces, en una nave de cargo
Su
capitán ya te conduce por rutas más
seguras
A
sotavento mi canoa zarpa. Te despides
El
final de nuestra travesía parecía tan
cerca
Este
mar no es sino un estanque impetuoso
De
tornados, titanes y tormentas
Llegaré,
amada mía, me buscarás
entonces
O
si
muero, serenamente esperaré por ti
El
Alcázar
Los
años más amargos pasan.
Despedido
de trabajos innobles
Padezco
cada traición, cada desdén
Son
tantos los hombres y mujeres
Que
a mi edad ya habrían perecido
Y
aún así subsisto
Son
éstas, las heridas más profundas
Las
que me revelan tu amor incesante
Más
sublime que el fragor apasionado
De
nuestra primeras caricias
Esposa
mía, mi mayor certeza
En
esta jornada oscura y larga
De
esperanzas que indolentemente acaban.
Juntos,
frente a mesas de alabastro,
Hacemos
un alcázar de nuestra buhardilla
Tranquila
te adormeces en mis brazos
Y
yo prosigo en mi batalla incierta
Son
tantas las desilusiones y asperezas
Que
desde nuestra ventana, al amanecer,
La
bruma de Londres desvanece
Londres,
Agosto 1 de 2003
Odisea
I
La
brizna ungió nuestro connubio
Nuestra
felicidad un rayo de sol en la tormenta
Día
arrasado por tantas noches indecisas
Retribución,
lágrima sobre tus pies sangrantes
Cómo
su sangre nos liberó de aquel abismo
Que
en el desprecio irrigaba hiedras afloradas
Cómo
las celebraciones a nuestra llegada
Se
enfriaron al alejar sus yugos
Desandando
los suburbios de Manchester
Cada
sábado en la tarde un tren nos cobijaba
A
lo largo de canales y muelles inundados.
De
vuelta nuestras manos, gráciles, nos consolaban
Cómo
mis pasos trazaban nuestra angustia
En
caracteres cirílicos, árabes y griegos
Gente
lastimada nos imprecaba desde sus playas;
Sobre
estos campos verdes el desierto aparecía
Mas
el consuelo de nuestros mensajes persistía
Circundados
por fieras proseguíamos
Sobrevivíamos,
aunque al cabo del estío
Desde
las barcas, buitres y hienas merodeasen
Hoy
la incertidumbre regresa a amotinar sus furias
El
cielo se va, los mares nos dejan
Cada
barca encalla en su pradera
Mas
la nuestra en nuestro afecto continúa.
En
el tiempo otra playa nos espera
II
Al
despertar
El
invierno nos sumergía en sus tinieblas
Andábamos,
Por
un bosque extraño a nuestros pasos
Sin
guerras abandonábamos la tierra a las aves y a las fieras
Para
someternos a la agonía de las escuelas y las casas
La
congoja volvía en la mañana
Y
trémulos nos abríamos paso entre la niebla
Lloviznaba,
las costas se hundían
Desprivilegiados
saltamos sobre puentes y tejados
Al
regresar
El
panorama de un caño torcido lastimaba
El
cielo gris y azul, los cisnes blancos, los islotes vírgenes
Junto
a una multitud que palpitante en autos aguardaba
Quien
ama espera
Por
varios años fui un príncipe
Inquieto
por alcanzar la pobreza
Andrajoso
zarpaba a nuevos puertos
En
busca de bucaneros y naufragios
Aun
recuerdo mis paseos solitarios
Por
las calles arborizadas de Narberth
Las
hojas del otoño eran radiantes
Terracota
desmoronada entre mis manos
Vivíamos
en una tierra amarga,
O
eso creía: sólo el egoísmo,
Engendro
de la soledad, entristece
Expatriado
de ciudad en ciudad
Lánguido
flotaba sobre al plácido caudal del mundo
Cada
frustración fue innecesaria
Como
cada represalia, cada venganza
Procreador
de pesadillas
Jamás
confrontaba lo insufrible
La
sabiduría , el perdón crecían,
En
lenguas de tantos países
En
tus miradas sempiternas
La
creación titilaba en tu hermosura.
Los
niños de Portugal te esperarán en vano
Su
sosiego abrumador abrevió tus días
Mas
quien ama espera, espera quien ama
Escribió
Pablo a las parejas de Corinto
Londres,
Julio 20, 2003
Sufrimos
para amar los niños
El
sol resplandece
Sobre
las aguas tranquilas
Bajo
puentes cubiertos de orquídeas
La
luna se desvanece
Entre
nubes que ya ahogaron esta tarde
Sobre
inquietas columnas de acero
Y
aún así proseguimos;
Cada
día es otro día
En
que sufrimos nuestra lejanía
Presos
de un fango acicalado
Purgamos
cada cuerpo inútilmente
Al
filo de cada día y cada noche
Escalando
abismos y desiertos,
Suscitando
aplausos y querellas
Soportamos
la peste, las encinas
Sufrimos
para amar los niños;
Cada
esfuerzo, cada lágrima, cada sacrificio
Procrea
y cuida una inocencia breve
El
presente esconde la hermosura
El
presente esconde la hermosura
La
silueta de mi esposa al caminar
Alejándose
en este día nuevo, impredecible
Y
confrontamos a titanes y gorgonas
Rivales
feroces que nunca nos derrotan:
Juntos
vencemos al tiempo y sus mareas
En
cada cual el universo se organiza,
Somos
el amanecer, la tarde y el ocaso
Los
astros y las bestias que palpitan
Bajo
la misma claridad que fabricamos
A
través
del desierto
Sobre
los campos de Kirguizistán
En
donde la nieve se diluye con el viento
Padecimos
las persecuciones más secretas
Perversidades
de brea, col y ajonjolí
Acosados
por aduladores y proxenetas
Huimos
del confín del mundo hacia el desierto
Bajo
el sol más inclemente de otros tiempos
Mis
brazos y piernas caían descompuestos
En
Londres, la ciudad más resplandeciente,
Amarilla
como el sol bajo aquel cielo desnudo
Los
prados secos reflejaban las desesperanzas
Sobre
Hyde Park una hierba cadavérica oscilaba
Este
verano abrasante también acabará conmigo,
Me
dije cediendo a los ímpetus del desespero
El
firmamento arrugó entonces su semblante
Procreando
una nube inesperada
La
única gota del día más caluroso en la historia de
Inglaterra,
Cayó
entonces sobre mi semblante
Antes
de la primavera sufrimos el invierno
Antes
del otoño la crudeza de un verano
Y
aún así la esperanza de nuestra felicidad prosigue
Londres,
agosto 10 de 2003
Los
placeres se distorsionan en sí mismos
Los
placeres se distorsionan en sí mismos
Cada
día nos alimentamos de ilusiones
Que
otras ilusiones destituyen
Ayer
anunciaste tu partida
Heroica
te embarcas con tus protectores
Abandonándome
en la incertidumbre de este puerto
También
he anhelado escapar de esta embestida
Tan
banal como el deseo del amante
De
que su amante lo quiera para siempre
Como
un cuerpo ante el espejo
Perfección
de nervios, venas y tendones
Que
la sal de mis lágrimas deshace
Fénix
Cada
mañana diviso desde mi ventana
A
los transeúntes árabes de Edgware Road
Apresurados
caminan, mi inmovilidad,
Síntoma
de mi subempleo, los inquieta
Juntos
perduramos por seis años
Ahora
la adversidad de nuevo nos escinde
Tu
proseguirás en Londres, solitaria
Yo
confrontaré mi destino de juglar
Años
atrás meditaba en la arena de Nevada
Las
ondas de un lago distorsionaban mi reflejo
El
universo moría y sólo tu amor permanecía
A
partir de entonces has sido mi horizonte
Mi
amor por ti nació para morir jamás
Dichosos
recorríamos los parques
Al
suave abrigo del atardecer, ¿amabas?
El
primer día acabó como un festejo
Te
aconsejan que me dejes, que cualquier hombre
Al
fracasar fenece; más si así fuese
Yo
ya habría muerto y resucitado varias veces
Para
recontar, amada mía, lo poco que he vivido
A
veces
dudo de mí mismo
A
veces dudo de mí mismo,
De
mi voz, de mis promesas
Del
sendero que al pasar mis años dejan,
De
mis tardes entre páginas doradas,
Desterrado
del sol, del mar, del cieno
A
veces dudo de mí mismo,
De
mi constancia, de mi cuerpo,
De
sus placeres más ceñidos
De
sus ayunos, de mis privaciones
De
mi resistencia al levantarme cada día
A veces dudo de mis días
De las
manos de arcilla que moldeo
De la
certeza de mi muerte, del olvido
De mi
rostro descompuesto con los años
De mi
reconciliación postrera
Sí, a
menudo dudo de mí mismo,
Más
nunca de mi amor por tí;
En ti
prosigo, amada mía
En ti mi
certeza, mi alma, mi Caná
Reunión
Separado,
antes de despertar, te vi de espaldas
Girabas
tu rostro grácil sobre tus suaves formas
Hoy,
al regresar, recobro en tu regazo el paraíso
Hay tanto amor entre tú y yo, Coralie
Y
aún hemos de vivir años, quizás décadas
¿Habrá
acaso, entonces, un edén mayor?
Preserva
esa sonrisa, esa cadencia de niña
Esa
vida que ilumina mi ancha sombra
En
los terrenos vedados a mi inspiración
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