Hugo Santander
Ferreira



   

Página_principal

Currículum_Vitae

Escritos_académicos

Novelas

Montajes_de_Teatro

Poemas

Artículos_de_Prensa

Fotografía

Ensayos

Obras_de_Teatro

Cuentos

Divagaciones

Arte

Diatribas

Video 

Cine 

Guiones_de_Cine 

Crítica_Literaria

Crítica_de_Cine

Cuentos_Infantiles

Traducciones

Poesía_en_Santander

Sitio_inglés

Sitio_francés

Enlaces

Escríbanos





Himnos al Amor


Amor

 

Amor, padre del mundo

Los sueños, cuerpos etéreos,

En lontananza te contienen

Gráciles oscilamos en tus manos

Como un rayo de sol entre las nubes

Todo de ti emana, todo a ti regresa:

El odio, corazón enfermo,

Y la melancolía, ausencia tuya

 

 

Vida

Al Lector

 

Y nuestro viaje, entonces, continúa

Nuestras provisiones ya se agotan

Noches de insomnio nos enferman

¿Es la escarcha la gangrena entre mis manos?

 

Y sin embargo alguna vez creíste en mí

En la isla que te prometía: a ti y a nuestros hijos

Ahora, ante este mar furioso

Sólo las rocas consideran mis palabras


Juntos salvamos cumbres empinadas; 

(desde allí el mundo era asaz pequeño).

Juntos prevalecimos sobre conflagraciones,

Pantanos insalubres y naufragios

 

Te embarcas, entonces, en una nave de cargo

Su capitán ya te conduce por rutas más seguras

A sotavento mi canoa zarpa.  Te despides

El final de nuestra travesía parecía tan cerca

 

Este mar no es sino un estanque impetuoso

De tornados, titanes y tormentas

Llegaré, amada mía, me buscarás entonces

O si muero, serenamente esperaré por ti

 

El Alcázar

 

Los años más amargos pasan.

Despedido de trabajos innobles

Padezco cada traición, cada desdén

Son tantos los hombres y mujeres

Que a mi edad ya habrían perecido

 

Y aún así subsisto

Son éstas, las heridas más profundas

Las que me revelan tu amor incesante

Más sublime que el fragor apasionado

De nuestra primeras caricias

 

Esposa mía, mi mayor certeza

En esta jornada oscura y larga

De esperanzas que indolentemente acaban.

Juntos, frente a mesas de alabastro,

Hacemos un alcázar de nuestra buhardilla

 

Tranquila te adormeces en mis brazos

Y yo prosigo en mi batalla incierta

Son tantas las desilusiones y asperezas

Que desde nuestra ventana, al amanecer,

La bruma de Londres desvanece

 

Londres, Agosto 1 de 2003

 

Odisea

I

 

La brizna ungió nuestro connubio

Nuestra felicidad un rayo de sol en la tormenta

Día arrasado por tantas noches indecisas

Retribución, lágrima sobre tus pies sangrantes

 

Cómo su sangre nos liberó de aquel abismo

Que en el desprecio irrigaba hiedras afloradas

Cómo las celebraciones a nuestra llegada

Se enfriaron al alejar sus yugos

 

Desandando los suburbios de Manchester

Cada sábado en la tarde un tren nos cobijaba

A lo largo de canales y muelles inundados.

De vuelta nuestras manos, gráciles, nos consolaban

 

Cómo mis pasos trazaban nuestra angustia

En caracteres cirílicos, árabes y griegos

Gente lastimada nos imprecaba desde sus playas;

Sobre estos campos verdes el desierto aparecía

 

Mas el consuelo de nuestros mensajes persistía

Circundados por fieras proseguíamos

Sobrevivíamos, aunque al cabo del estío

Desde las barcas, buitres y hienas merodeasen

 

Hoy la incertidumbre regresa a amotinar sus furias

El cielo se va, los mares nos dejan

Cada barca encalla en su pradera

Mas la nuestra en nuestro afecto continúa.

 

En el tiempo otra playa nos espera

II

 

Al despertar

El invierno nos sumergía en sus tinieblas

 

Andábamos,

Por un bosque extraño a nuestros pasos

Sin guerras abandonábamos la tierra a las aves y a las fieras

Para someternos a la agonía de las escuelas y las casas

 

La congoja volvía en la mañana

Y trémulos nos abríamos paso entre la niebla

Lloviznaba, las costas se hundían

Desprivilegiados saltamos sobre puentes y tejados

 

Al regresar

El panorama de un caño torcido lastimaba

El cielo gris y azul, los cisnes blancos, los islotes vírgenes

Junto a una multitud que palpitante en autos aguardaba

 

Quien ama espera

 

Por varios años fui un príncipe

Inquieto por alcanzar la pobreza

Andrajoso zarpaba a nuevos puertos

En busca de bucaneros y naufragios

 

Aun recuerdo mis paseos solitarios

Por las calles arborizadas de Narberth

Las hojas del otoño eran radiantes

Terracota desmoronada entre mis manos

 

Vivíamos en una tierra amarga,

O eso creía: sólo el egoísmo,

Engendro de la soledad, entristece

Expatriado de ciudad en ciudad

Lánguido flotaba sobre al plácido caudal del mundo

 

Cada frustración fue innecesaria

Como cada represalia, cada venganza

Procreador de pesadillas

Jamás confrontaba lo insufrible

 

La sabiduría , el perdón crecían,

En lenguas de tantos países

En tus miradas sempiternas

La creación titilaba en tu hermosura.

 

Los niños de Portugal te esperarán en vano

Su sosiego abrumador abrevió tus días

Mas quien ama espera, espera quien ama

Escribió Pablo a las parejas de Corinto


Londres, Julio 20, 2003


 

Sufrimos para amar los niños

 

El sol resplandece

Sobre las aguas tranquilas

Bajo puentes cubiertos de orquídeas

 

La luna se desvanece

Entre nubes que ya ahogaron esta tarde

Sobre inquietas columnas de acero

 

Y aún así proseguimos;

Cada día es otro día

En que sufrimos nuestra lejanía

 

Presos de un fango acicalado

Purgamos cada cuerpo inútilmente

Al filo de cada día y cada noche

 

Escalando abismos y desiertos,

Suscitando aplausos y querellas

Soportamos la peste, las encinas

 

Sufrimos para amar los niños;

Cada esfuerzo, cada lágrima, cada sacrificio

Procrea y cuida una inocencia breve

 

El presente esconde la hermosura

 

El presente esconde la hermosura

La silueta de mi esposa al caminar

Alejándose en este día nuevo, impredecible

 

Y confrontamos a titanes y  gorgonas

Rivales feroces que nunca nos derrotan:

Juntos vencemos al tiempo y sus mareas

 

En cada cual el universo se organiza,

Somos el amanecer, la tarde y el ocaso

Los astros y las bestias que palpitan

Bajo la misma claridad que fabricamos

 

A través del desierto

 

Sobre los campos de Kirguizistán 

En donde la nieve se diluye con el viento

Padecimos las persecuciones más secretas

Perversidades de brea, col y  ajonjolí

 

Acosados por aduladores y proxenetas

Huimos del confín del mundo hacia el desierto

Bajo el sol más inclemente de otros tiempos

Mis brazos y piernas caían descompuestos

 

En Londres, la ciudad más resplandeciente,

Amarilla como el sol bajo aquel cielo desnudo

Los prados secos reflejaban las desesperanzas

Sobre Hyde Park una hierba cadavérica oscilaba

 

Este verano abrasante también acabará conmigo,

Me dije cediendo a los ímpetus del desespero

El firmamento arrugó entonces su semblante

Procreando una nube inesperada

 

La única gota del día más caluroso en la historia de Inglaterra,

Cayó entonces sobre mi semblante

 

Antes de la primavera sufrimos el invierno

Antes del otoño la crudeza de un verano

Y aún así la esperanza de nuestra felicidad prosigue

 

Londres, agosto 10 de 2003

 

Los placeres se distorsionan en sí mismos

 

Los placeres se distorsionan en sí mismos

Cada día nos alimentamos de ilusiones

Que otras ilusiones destituyen

 

Ayer anunciaste tu partida

Heroica te embarcas con tus protectores

Abandonándome en la incertidumbre de este puerto

 

También he anhelado escapar de esta embestida

Tan banal como el deseo del amante

De que su amante lo quiera para siempre

 

Como un cuerpo ante el espejo

Perfección de nervios, venas y tendones

Que la sal de mis lágrimas deshace

 

Fénix

Cada mañana diviso desde mi ventana

A los transeúntes árabes de Edgware Road

Apresurados caminan, mi inmovilidad,

Síntoma de mi subempleo, los inquieta

 

Juntos perduramos por seis años

Ahora la adversidad de nuevo nos escinde

Tu proseguirás en Londres, solitaria

Yo confrontaré mi destino de juglar

 

Años atrás meditaba en la arena de Nevada

Las ondas de un lago distorsionaban mi reflejo

El universo moría y sólo tu amor permanecía

A partir de entonces has sido mi horizonte

 

Mi amor por ti nació para morir jamás

Dichosos recorríamos los parques

Al suave abrigo del atardecer, ¿amabas?

El primer día acabó como un festejo

 

Te aconsejan que me dejes, que cualquier hombre

Al fracasar fenece; más si así fuese

Yo ya habría muerto y resucitado varias veces

Para recontar, amada mía, lo poco que he vivido

 

 

A veces dudo de mí mismo

 

A veces dudo de mí mismo,

De mi voz, de mis promesas

Del sendero que al pasar mis años dejan,

De mis tardes entre páginas doradas,

Desterrado del sol, del mar, del cieno

 

A veces dudo de mí mismo,

De mi constancia, de mi cuerpo,

De sus placeres más ceñidos

De sus ayunos, de mis privaciones

De mi resistencia al levantarme cada día

 

A veces dudo de mis días

De las manos de arcilla que moldeo

De la certeza de mi muerte, del olvido

De mi rostro descompuesto con los años

De mi reconciliación postrera

 
Sí, a menudo dudo de mí mismo,

Más nunca de mi amor por tí;

En ti prosigo, amada mía

En ti mi certeza, mi alma, mi Caná

 

 

Reunión

 

Separado, antes de despertar, te vi de espaldas

Girabas tu rostro grácil sobre tus suaves formas

Hoy, al regresar, recobro en tu regazo el paraíso


Hay tanto amor entre tú y yo, Coralie

Y aún hemos de vivir años, quizás décadas

¿Habrá acaso, entonces, un edén mayor?

 

Preserva esa sonrisa, esa cadencia de niña

Esa vida que ilumina mi ancha sombra

En los terrenos vedados a mi inspiración


 




Hugo Santander 2007 © All rights reserved