Hugo Santander
Ferreira



   

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Sobre las Playas Griegas


Birth of Venus


De ojos que quiebran los guijarros
De sonrisas sin cavilaciones
Por cada sueño
De ráfagas de gritos en la nieve
De lagos que visitamos desnudos
Y de sombras sin raíces

Paul Éluard

Gea


La nieve se deslizaba a nuestros pasos

A la orilla de un gran lago congelado          

Entrelazados en la bruma caminábamos

Sobre una muralla, el confín del universo

 

Abajo, sobre la hierba del invierno

Nuestros niños, despreocupados, jugueteaban

Balanceando su porvenir en sus columpios

Tu los veías, yo en la noche te alentaba

 

Las gaviotas graznaban abatidas

Anunciando tu partida sin regreso                                                     

Mis soliloquios en cafés desventurados

Tus idilios en cabinas pasajeras

 

Las imágenes, las palabras, las monedas

Que subsanaron nuestro desasosiego

Como la savia que brota de las ramas cercenadas

 

Así erramos por varias ciudades

Descubriendo en cada una su impostura

Una injuria, un desmán, la quintaesencia del progreso

 

Las furias conformaron tu cortejo

Me acusaste, me condenaste, vagamente arrepentida.                      

Tu cuerpo maternal escapó enjuto de mis brazos

 

Démeter

 

Alejada al añorarme

No contemples en la luna su hermosura

Sino mis ojos que en ella te buscan reflejados

 

 

Perséfone

Obedezcamos a la oscura noche

Homero

 

No, Señora, tampoco estuve allí  

Ni mi sangre corrió por los campos Eliseos

Sólo un beso arrancado de la lluvia

Permanece velando esta quietud

 

La ciudad era destruida, el campo

Aniquilado el firmamento                                                          

Apresurados cavilábamos

A lo largo de mausoleos, catacumbas

 

Presas de una revolución confusa                                                        

El invierno zahería, el ruiseñor moría

 

Y los dos, ya juntos, trocábamos un plato de lentejas     

Al amparo de otra madrugada

                                     

 

Afrodita

 

Sobre el patio de tu casa

Entreví tu encanto

 

Yo jugaba sobre la acera opuesta

Bajo la sombra de un almendro                                        

Te observé y quise acompañarte

En cada día, en cada noche

 

 

Palas

¿Qué puedo disfrutar del mundo

Que ya no haya disfrutado como un héroe?

He bebido café, he saboreado pasteles

Me he obsesionado con una mujer hermosa

Heine

 

El sol la coronaba de arco iris

Al despertar, cada mañana

Sobre su tez quemada

 

Las nubes se abrían a su encuentro

Y yo la besaba a sus espaldas

Acrecentando la aprehensión del orbe

 

Aves migratorias anidaban                           

Al impulso de líquenes cefireos                                                 

Sobre el alféizar de nuestra ventana

Un ánima celosa convocó a las ménades

Y yo tan débil, tan nervioso

Huí del jardín que cultivaba

 

El astro la consoló enamorado.

En la placidez de tantos hombres y países

Sus ojos vulnerables buscaban mi aprecio

 

Hera

 

Pasa esta tarde solitaria y no te encuentro

En otro tiempo te abrazaba junto al parque                              

Entrelazabas mis manos y te guiaba                      

A lo largo de puentes en contienda

 

Ahora, sobre un paraje más tranquilo

El rocío evaporado anega mis pestañas

Muere el otoño y bajo mis huellas

La hojarasca cruje al vaivén de mi nostalgia

 

Tus celos el arsenal de mis pesares

Tus miasmas la más vaga ausencia

Tantos días enamorados que se alejan

Como las hojas de un bosque incinerado

 

Mundo reciente contra mi amor constante                                         

Hazañas que hurtaron nuestras palpitaciones

Jamás sabrás de mi infelicidad emprendida

Añorada en tantos campos cultivados

 

Cuanto amada, extraña y extrañada

Cercándome aquí, ayer, ahora, indecisa

En Atenas, ciudad de ciénagas

El más frío de todos los paisajes

 

Gente indefensa, hacinada y agresiva

La imagen a la que todas las imágenes regresan  

Nuestros besos se disolvieron en sus alcantarillados     

Al rumor de un aleteo impreciso

 

Nos amordazaron, nos lanzaron de bruces,

Fabricamos su historia, sus tramoyas

El último sebo antes de su revuelta

Y tu allí estabas, despectiva estabas

 

 

Ifigenia

Su connubio arroja

Un huracán en su contra

Carmina Burana

Fabricamos la noche

La humedad, los ojos, las caricias,

Puente ágil, frágil y agrietado

 

Al volver el rostro el viento es frío

Y el paisaje, erosionado por la lluvia                      

Se derrumba bajo un mar enardecido

 

Andrómeda

 

Sucesos nefastos nos llevaron

Hasta Tallahassee, cueva de gorgonas

 

Hablamos y no fuimos oídos

Nos compadecimos y fuimos desdeñados

 

Mi constancia trazó su inmundicia

Y ellas, inmóviles, se desangraron

 

Mis encomios perdieron su enjundia

Y peregrinamos hacia San Agustín                                  

Al fragor de un auto apresurado

Las granjas cedían a tu costado

 

Como una cinta de cine mal embobinada              

Como las fotografías de un viaje truncado

 

Alojados en moteles de cartón

El agua enmascaraba nuestro afecto

 

Tras los amaneceres de un invierno primitivo

Nuestros deberes nos separaron, nos dejaron

 

Mientras tus ojos tristemente grises se apagaban

Luna engalanada, soberbia entre sus nubes 

                           

Segregados transcribimos nuestro encuentro

Sobre las hojas sueltas de un roble demacrado

 

 

Andrómaca

 

Y ahora, ¿quién siente pesar o discordia?

El amor es el universo de este día

Aquellos son esclavos de un porvenir ominoso

P.B. Shelley

 

A lo largo de una plantación devastada                          

Mi mano buscó tu rostro nervioso

 

La tarde de domingo agonizaba

Tarros de lata rodaban sobre los andenes

 

Sobre los caminos vírgenes de Atlanta

Hiedras y espinas poseían la tierra

 

Tu circundabas edificios despoblados

Temerosa de emprender otra discordia

 

El viento frío aún conservaba el vértigo                                             

De tus ojos antes de su vuelo

 

Años después me preguntarías                                         

De qué modo las constelaciones

Deterioraron la bóveda celeste

 

Clitemnestra

 

Su éxtasis, como la ambrosia          

Es la acequia que calma una nostalgia

 

Consumida por noches de insomnio

Bruño su piel al fragor de la alborada

 

Penélope

El recuerdo encantador de esa doncella

Verlaine

 

Al cabo presiento tus palpitaciones

Salimos bajo un cielo encapotado

Sobre un puente célebre de piedra

 

Las vitrinas reflejan nuestras sombras.                  

Entre hordas de saltimbanquis y mendigos

Pasa nuestro idilio en almacenes

 

Tu presientes mi palpitación cansada

Y sobre un banco hilas mis cabellos

 

Yo entierro mis sandalias en la arena

Y me recuesto sobre un campo hirsuto

 

Desconocía tu origen, tú el destino

Mas esa dicha pretérita se olvida

 

De vuelta a casa retomo el aire que abandonas

Y me entrego a las corrientes de tus venas                               

 

Medea

 

Hoy cuando recobro mis fuerzas          

Te entregas a mi cuerpo vergonzoso

Hoy cuando la primavera avanza

Secando esos arroyos imprevistos

 

Me escribes en tinta de sangre

Que nos amábamos bajo una tormenta

Que prescindíamos de compromisos

Que nuestra despedida era ilusoria

 

Mas nuestro amor acaba, amada mía

Como empezó, en las catacumbas                                                       

Bajo el peso de un ayuntamiento

Entonces surcábamos océanos furiosos

 

El carácter intratable de nuestros tutores

Acabó en el aroma de mi piel bronceada

 

 

Dafne

 

A través de un marco de vidrios dislocados

Tu bruma recorrió los cuartos

Tu armario enmohecido, tus tejidos

Y sacudió inclemente mi fragata

 

A tus veinticuatro años derrotabas

Las hordas de Jerjes, su flota en Salamina                                

Náufrago en el mar Egeo me ahogué

En aguas desesperadamente claras

 

Un grupo de mercaderes me prendió en la playa

Cuánto esperé la impiedad de tus falanges  

Más tú, recluida en el Peloponeso

Celebrabas con una orgía mis desmanes

 

Esclavo de amos más serenos

Huí a las candentes dunas del Sahara

A abrazar tus formas en la arena

Ni la cúpula ni la muerte prolongaron tu hermosura                       

 

Tus recuerdos me carcomerán sin prisa

Indeseado es este espacio sin abismos

Seré una bestia que sin reproducirse acaba

 

 




 




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