Victimarios
CREDITOS
DISOLVENCIA
A:
INT. DIA. CASA DE VON
HEINKEL.
VON HEINKEL, un hombre alto
de cuarenta años, de
nariz
aquilina,
quien
viste un
esmoquin y bebe una
copa de coñac,
observa
de pie, a través
de una ventana
protegida por un lino
fino
a:
CORTE A:
EXT. DIA. CALLE CIEGA DE PAN
DE AZUCAR.
CARLOS, un hombre de 25 años
de edad, ataviado en
saco y corbata,
y
quien conversa con
JESSICA, una mujer delgada de cuarenta años,
ataviada
en encajes
grisáceos.
JESSICA
El doctor Von Heinkel no
estará
disponible
en la tarde.
HEINKEL
Lo
esperaré.
Jessica asiente, se da media
vuelta y se aleja en
dirección a la
casa.
Carlos
estudia con curiosidad el frontispicio de la casa de
Von
Heinkel.
Truena.
Carlos extrae una caja de tabaco y una hoja de
papel
de arroz, elabora
un cigarrillo, lo enciende y fuma
CORTE A:
INT. DIA. CASA DE VON
HEINKEL.
Von
Heinkel
observa
a Carlos con desagrado.
JESSICA
(O.S.)
La cena está servida.
HEINKEL
No tengo hambre.
JESSICA
Sin embargo...
HEINKEL
(interrumpiéndola)
No hay nada más
desagradable que
un
cadáver que acaba de cenar.
Heinkel
gira sobre sí
mismo y encara a Jessica.
JESSICA
Igual ocurrió en 1948,
cuando la
chusma
quiso masacrarnos.
Heinkel
la observa
apesadumbrado.
HEINKEL
Lo
había
olvidado.
JESSICA
No recuerdo como nos
salvamos.
Pero sí, ayunamos todo
el día.
Velamos a su primera
esposa por
casi
una semana.
Heinkel
se mueve hacia
las escaleras.
HEINKEL
Veré que quiere.
CORTE A:
EXT.
DIA.
CALLE
CIEGA DE PAN
DE AZUCAR.
Carlos, sentado sobre una
piedra, observa el
horizonte y
exhala
humo
parsimoniosamente.
Un JEEP Cherokee
se
aproxima. CARLOS se
levanta con mirada
tensa.
AMBROSÍA,
una
mujer de senos prominentes,
quien
viste
un traje blanco,
permanece al volante.
VITORIO,
un hombre de unos setenta años, quien viste
un
traje y un sombrero
negro, desciende de la puerta
opuesta.
Carlos
se aproxima a Vitorio.
CARLOS
Su
ama de llaves me dijo que
no saldría hasta después del crepúsculo.
VITORIO
(susurrando)
Jamás he visto a mi Von Heinkel a la
luz
del día.
Vitorio
se aproxima a Ambrosía.
VITORIO
(sonriente)
¿Vas
a recoger a los niños?
AMBROSÍA
(tierna)
Primero
debo
ir al
estilista, y luego
al
spa,
para una limpieza de piel.
VITORIO
Pero...
AMBROSÍA
No
te preocupes. Fidelia los recogerá.
(sonrisa
encantadora)
Te
esperamos para la cena.
Ambrosíab
esa a Vitorio.
VITORIO
Cuídate.
AMBROSÍA
(tierna)
Tu
también.
Ambrosía
arranca el auto
y se aleja.
CARLOS
¿Es verdad que sufre de
agorafobia?
VITORIO
(distraído)
¿Agorafobia?
CARLOS
Von
Heinkel...
VITORIO
Probablemente. No
importa. Y no lo olvide.
Si fracasamos, usted
será el responsable.
CARLOS
(nervioso,
sudoroso)
No fallaré.
Vitorio
sonríe
agriamente.
VITORIO
Que sea cruel.
Carlos
ríe
maniáticamente
enarbolando
un hilo metálico
entre
sus manos
Silencio.
La luna surge entre las nubes.
La puerta de la casa se
abre.
VITORIO
(severo)
Acabemos
esto de una vez y para siempre.
Von
Heinkel
sale de
su casa vistiendo un sombrero de copa y una capa.
VITORIO
¡Conde Von
Heinkel!
Es
un placer
verlo
de nuevo.
Heinkel
mira a su
alrededor.
HEINKEL
Creí oír la voz de Ambrosía.
Carlos se posiciona detrás
del conde.
VITORIO
Usted
nunca
la
olvidó.
HEINKEL
Nunca
la creí capaz de desposarse
con
un asesino de baja
ralea.
VITORIO
¡No
permito que me insulten!
HEINKEL
Haga lo que tenga que
hacer sin
preámbulos.
Carlos pasa el hilo metálico
alrededor del cuello de Von
Heinkel.
Su cuerpo se contorsiona
agonizante.
El rostro de Carlos se
contrae en un gesto de odio y
de
crueldad.
Entonces
arroja
el cuerpo al suelo...
El cuerpo de Vitorio
cae a sus pies...
Carlos lo reconoce
horrorizado y levanta su mirada.
Von
Heinkel,
frente
a
él,
lo observa severo.
CARLOS
(paralizado
de terror)
¡Aaah!
Heinkel
se quita su
sombrero.
HEINKEL
El mayor castigo para
un asesino,
¿no
es su propio crimen?
Carlos paralizado, observa a
Heinkel
acercarse
hacia él.
Heinkel
lo observa
fríamente.
Carlos grita
desaforadamente. Sus pies oscilan
nerviosos en
el
aire frente a las
piernas de Heinkel hasta que su cuerpo
cae
al suelo, junto al
rostro exangüe de Vitorio.
Ambrosía observa con rostro
aterrorizado. Se da
vuelta y huye
despavorida.
Heinkel
la ve huir.
DISOLVENCIA A:
TITULO
3 meses después
DISOLVENCIA
A:
INT. NOCHE. CASA DE VON
HEINKEL.
KANT, un anciano encorvado
de setenta años, bastante
parecido
a
Carlos, y de rostro
cadavérico, ataviado en esmoquin,
abre
la
puerta.
Ambrosía entre en traje de
seda gris ceñido a su
cuerpo.
Porta una pequeña cartera
dorada.
KANT
El Conde von Heinkel la está
esperando.
AMBROSÍA
Gracias. ¿Usted es...?
KANT
Kant.
Friedriech
Kant.
Kant
la observa con ojos
seniles.
AMBROSÍA
¿Tiene hijos?
KANT
No lo sé... Sufro de
memoria
senil.
AMBROSÍA
Sí,
no
puede
ser.
KANT
He vivido en esta casa
desde mi
nacimiento.
AMBROSÍA
Qué pena. Excúseme.
Usted me
recordó
a alguien que murió hace
menos
de un año.
KANT
¿Quién?
AMBROSÍA
(pausa)
Olvídelo.
Kant,
sin
alterar un
músculo, hace una venia y
le enseña un
sofá.
Ambrosía
se sienta. Kant
se retira.
Ambrosía observa los objetos
de la casa: cuadros de
expresidentes
de la república de Colombia, de paisajes
nocturnos,
de
aquellares
y de...
Una calavera...
HEINKEL (O.S.)
¿No es hermosa?
AMBROSÍA
(levantándose
asustada)
¡Conde von
Heinkel!
Von
Heinkel
viste un smoking, un sombrero de copa y
una negra.
HEINKEL
Es la metáfora de la
muerte. Y aún
así,
¿ha
pensado,
cuanta
vitalidad,
cuanta
vida,
cuantos
recuerdos,
se
ocultan
tras la
osamenta de
nuestro amada?
Ambrosía lo observa con
temor en sus ojos.
Sus manos aprietan su
cartera con fuerza.
HEINKEL
(continua)
¿Coctel de
Maracuya?
AMBROSÍA
Gracias.
HEINKEL
(a
su derecha)
Dos Maracuyas.
Kant,
casi
metamorfoseado
con la cortina, hace
una venia y se
retira.
HEINKEL
(continua)
Lamento la muerte de su
marido.
AMBROSÍA
La
policía cree que Vitorio fue asesinado.
HEINKEL
Creí haber leído que
una serpiente
lo
había atacado…
CORTE
A:
INT. DIA. CASA
DE VITORIO.
Vitorio abre
una caja empacada como regalo,
en la
cual se
encuentra una serpiente, la cual
muerde a
Vitorio.
Vitorio cae
casi de inmediato al suelo.
El rostro de Vitorio
suda sangre copiosamente.
HEINKEL (V.O.)
Una Echis carinatus. Su veneno es tan
fuerte
que
sus víctimas exhudan toda
su
sangre
antes de morir.
CORTE
A:
INT.
NOCHE. CASA DE VON
HEINKEL.
Continuación
de dos escenas atrás.
AMBROSÍA
Alguien debió habérsela
entregado.
Alguien a quien conocía.
Alguien
que
vivía cerca de acá.
HEINKEL
Tal
vez haya sido el otro occiso.
AMBROSÍA
¿Carlos?
HEINKEL
Murió estrángulado…
¿Tenía
Vitorio
otros guardaespaldas?
AMBROSÍA
¿Cómo
lo sabe? Los
periódicos
no lo
mencionaron.
HEINKEL
Vitorio
era un
aventurero;
teníamos
amigos en común.
AMBROSÍA
No es muy amable de su
parte...
HEINKEL
No
lo reivindique. Sabemos que se
casó
con usted por su
fortuna.
AMBROSÍA
Sabía
que usted no lo apreciaba.
HEINKEL
Su
existencia me fue siempre indiferente.
Vitorio,
por
el
contrario, siempre me odió.
Creía
que usted y yo éramos amantes.
AMBROSÍA
(ofendida)
De mortuis nil
nisi bonum.
[Subtítulo :
De los muertos
sólo mencionemos sus virtudes]
Silencio.
HEINKEL
Reconozco
que por años ansié la
muerte
de su esposo, Ambrosía,
en
la esperanza de que
usted regresaría.
Ahora ...
¿A qué ha
venido?
Ambrosía
se levanta y
extrae un revólver de su
cartera.
HEINKEL
(atemorizado)
¿Piensa matarme?
AMBROSÍA
(sudorosa)
Si no lo hago, la
hermana de
Vitorio
de hará.
HEINKEL
Siempre
ansié
morir
de
amor.
Ambrosía
apunta a Von Heikel.
AMBROSÍA
Llame a sus criados.
JESSICA
No
será necesario.
Kant,
por
tanto una
jarra de plata, y Jessica,
portando
una servilleta
de tela, entran solemnes y
la
observan impávidos,
aterrorizantes. Ambrosía
retrocede,
apuntando
alternativamente
a sus tres
interlocutores.
Trueno.
AMBROSÍA
(continua;
desafiante)
¿Por qué me miran así?
HEINKEL
Nosotros,
a
diferencia suya,
no
tememos
a la muerte.
Kant
y Jessica la
observan rígidos.
AMBROSÍA
Lo siento
...
Ambrosía
dispara
sucesivamente sobre Heinkel,
sobre
Kant y
sobre Jessica.
Los tres continúan
observándola impasibles.
Ambrosía
deja caer su
quijada en un grito mudo.
HEINKEL
¿Podría
servirme más maracuya?
Carlos
avanza y vierte el líquido de su jarra
en
el vaso de Heinkel.
AMBROSÍA
(desesperada)
¡Dios!
Ambrosía dispara nuevamente.
Los tres la estudian
con
desprecio.
Heinkel
apura su vaso,
se levanta, toma el revólver
de
sus manos, lo arroja
al suelo y toma a Ambrosía
entre
sus brazos.
Ambrosía
trata de huir,
pero pierde el
equilibrio y cae sobre
un
tapete, en donde gime.
Heinkel,
Jessica
y Kant
la observan indolentes.
Heinkel
aprehende su
brazo, la levanta con
fuerza descomunal y la
conduce
hacia un rincón.
HEINKEL
(susurrando)
¡Ambrosía!
¡Ambrosía! Tampoco usted
cree
en la inmortalidad.
Por eso somos
indolentes
a la muerte
AMBROSÍA
¡Suélteme! ¡He
enloquecido!
(carcajeando
fuera de si)
¡Sí!
¡Soy una desquiciada!
Ambrosía sufre
un ataque de histeria,
contorsionándose,
desfigurando
los músculos de su rostro, y
finalmente
cayendo sobre
los brazos de Heinkel.
HEINKEL
Mi
muerte ocurrió hace tres años. Al
resucitar,
creí
que aún
vivía, y
que
todo había sido una mera
pesadilla,
y
que
la vida, o que
esta
mascarada que llamamos vida,
debía
continuar, con sus
mentiras,
sus
asesinatos y sus
infidelidades.
AMBROSÍA
(delirante)
¡Nunca amé a
Vitorio!
¡Sólo lo
creí
más
fuerte que usted.
(Sonríe)
Me
he equivocado... será suya,
toda
suya...
Heinkel la besa
apasionadamente. Ambrosía
extrae un puñal atado a
su pierna
derecha y lo enarbola.
Carlos y Jessica, ahora el uno
cerca del otro,
la observan con
perversidad, de sus rostros
sobresaliendo
sus comillos.
Ambrosía clava
el puñal en la espalda de Heinkel, quien
abre su
rostro enseñando
sus colmillos y
gime.
HEINKEL
Como cualquier ramera,
usted se entrega
al
mejor postor.
Heinkel
extraé
una
daga de su espalda.
Ambrosía
lo observa
horrorizada.
AMBROSÍA
Yo...
Heinkel
la apuñala con
ojos inyectados de
sangre.
HEINKEL
Si al menos usted, como
su esposo, fuera
libre.
Ambrosía
se contrae
supurando sangre por la
boca. Heinkel la
suelta.
Cae
sobre el
tapete, su mano
aprehendiendo el mango
del
puñal que sobresale
de su vientre.
La mano de Heinkel toma
la servilleta que Jessica
le ofrece.
JESSICA
Lo
esperan en la opera a las ocho.
Jessica
se aleja solemnemente, volteándose por un instante
para
ver el cadáver de Ambrosía.
Los
colmillos protuberantes desaparecen de los personajes.
HEINKEL
(a Kant)
Llame al periódico
local y
pídanles
que publiquen otra nota
necrológica
a nombre de Ambrosía
Varela, viuda de Vinzini.
KANT
Me encargaré de eso.
HEINKEL
Y convoque a nuestro
médico.
Dígale que esta vez la
razón de la
muerte
de una mujer de unos
cuarenta
y cinco años, trigueña,
será
suicidio, y que, dada su
posición
social, es deseable que
las
autoridades guarden la mayor
confidencia
posible.
Heinkel
toma una tercera
copa de maracuya.
HEINKEL
(continua)
¿Qué horas son?
JESSICA
Las 7 y cuarto.
Heinkel
observa el rostro exangüe de Ambrosía.
Kant
extrae el puñal del
vientre de Ambrosía y lo limpia con
un
pañuelo. Se aleja. Heinkel
suspira satisfecho y observa el
atardecer
sobre las
montañas frondosas de
Bucaramanga.
Divisa entonces a una mujer
que se acerca: Ambrosía,
en
el mismo traje blanco
de su primera escena.
JESSICA (O.S.)
La cena está servida.
HEINKEL
No
tengo
hambre.
JESSICA
Sin embargo...
HEINKEL
(interrumpiéndola)
No hay nada más
desagradable que
un
cadáver que acaba de cenar.
Ambos
se observan con rostro solemne.
DISOLVENCIA A NEGRO:
CREDITOS