Hugo Santander Ferreira
 
Hugo Santander Ferreira


  

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Crónicas para Caníbales 



Glauber Rocha prescribió en 1964 que la estética del artista latinoamericano era el hambre; el desprecio que las sociedades en vías de desarrollo manifestaban hacia su expresión individual. Su teoría aún es palpable, como lo demuestra la miseria de nuestro cinema y la inexistencia del oficio literario. Ser escritor en Latinoamérica es, a comienzos del siglo veintiuno, ser amanuense de gremios, sociedades anónimas y corporaciones, aquellos castillos kafkianos que demandan postales turísticas y novelas exóticas, ejercicios de orientación esotérica como el Realismo Mágico, complejo de fábulas aplaudidas por una Europa incrédula y condescendiente. Jorge Luis Borges es la excepción que confirma la regla. Cuando el hambre suscita resentimiento y envidia, conduce a la hambruna y al canibalismo, pero cuando el hambre suscita emulación -esto es, un pensamiento optimista de victoria-, la víctima se contenta con la perspectiva del pan.

Distinguimos la envidia de la emulación, la cual, según Aristóteles, es un sentimiento noble que nos despierta de nuestra inacción, esto es, de nuestro letargo. Tal fue el sentimiento que condujo al filósofo estagirita a superar a Platón; a Magallanes a emular a Cristóbal Colón y a trazar ya no un continente sino el mundo entero; a Kant a iniciar la escritura de su obra inmensa como emulación a la ya inmensa obra de David Hume . El principio de la emulación también es canibalístico, pero coincide con su antecedente más primitivo, el de preservar el espíritu del rival derrotado en el cuerpo del héroe victorioso: a Esquilo en Sófocles, a Marlowe en Shakespeare, a Joyce en Beckett, a Ibsen en Chejov y a Chejov en Harold Pinter.

Estudio etnográfico de la violencia que aún carcome a la tierra de El Dorado son estas crónicas irónicas de descendientes de piratas y conquistadores, de colonos y buscadores de tesoros, facinerosos que poblaron aquella región indomable que es el centro de América, madre de la selva que impidió el contacto entre incas y aztecas. Finis terrae, donde todos sus antepasados sobreviven encarnados.

Las fechas suscritas corresponden al año de concepción de cada historia, desde entonces suprimida, reelaborada y rescrita a lo largo de mis veladas.




















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